Bajo las Lilas (Louisa May Alcott) - pág.113
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Bab lamentaba dejar a su amigo mientras Pat se reía. Pero ambos olvidaron que Ben era ágil como un mono y por eso no se les ocurrió mirar hacia atrás. No advirtieron entonces que el señorito Ben se había colgado de las correas y los elásticos y hacía gestos burlones a su despreciado enemigo a través de la ventanita trasera del coche.
Al llegar al portón, Ben saltó y pasó corriendo adelante haciendo muecas picarescas, con lo que atrajo a todos a la puerta. Pat tuvo entonces que conformarse con agitar amenazadoramente el puño en dirección al divertido pilluelo, v mientras se alejaba alcanzo a oír la calurosa bienvenida que daban a los fugitivos como si fueran estos un par de niños modelos.
La señora Moss no había estado, en realidad, muy preocupada, pues Cy le había dicho que Bab iba tras de Ben, y Billy, que trajera las últimas noticias, aseguro que la niña había estado a Salvo entre ellos. Por eso, madre al fin, los seco, abrigo y consoló antes de retarlos. La reprimenda vino después, mas fue poco enérgica. Y cuando ellos se pusieron a relatar las aventuras corridas tan fantásticas les parecieron; produjeron gran asombro entre Su auditorio, que festejo todo con ruidosas carcajadas, especial-mente el episodio de la carretilla que Bab se empeñó en relatar ron todo detalle en prueba de su agradecimiento hacia el confundido Ben.
Thorny gritaba de risa y hasta la dulce Betty olvido las lágrima que le hiciera derramar´ la noticia de la desaparición del perro para unirse al concierto de carcajadas de la familia cuando Bab imito a Pat recitando el poema de "Mamá Gansa".
-No debemos reír más, de lo contrario estos niños creerán que han realizado una gran hazaña al escaparse sin decir nada -manifestó la señorita Celia cuando las carcajadas se callaron un y agrego:
-Yo no estoy muy contenta, pero no agregare una palabra más porque creo que Ben ya ha recibido suficiente castigo.
-Así es... -murmuró Ben, cuya voz tembló ligeramente al mirar el vacío jergón donde acostumbraba a echarse el lanudo animal y desde donde lo miraba con sus ojos brillantes llenos de simpatía y cariño. CAPÍTULO 15
Grande fue el duelo causado por la pérdida de Sancho, porque tanto sus virtudes como sus habilidades eran queridas y admiradas por todos. La señorita Celia puso avisos reclamándolo y Thorny ofreció una gratificación a quien lo devolviese, y hasta el rulo Pat dirigió miradas inquisidoras.
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