Bajo las Lilas (Louisa May Alcott) - pág.108
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.. ¿Por que desataste el nudo con tanta habilidad y, una vez libre. huiste para ir a reunirte con ese despreciable "bull-dog" que, desde la puerta principal, te llamaba agitando cordialmente su corto rabo? ¡Oh infeliz Ben!... ¿Por que demoraste tanto y llegaste cuando ya era demasiado tarde para salvar a tu querido compañero de las garras de aquel mal hombre que puso un pie sobre la soga que arrastraba Sancho v se llevo al perro lejos del tumulto?
-Era Bascum, un antiguo amigo, pero no sabía nada de nada... ¿Dónde está Sancho? -interrogó Ben.
Su voz ansiosa obligo a Bab a darse vuelta. Vio entonces a Ben que miraba a todos con una profunda alarma pintada en el rostro, como si hubiera perdido a un niño.
-Lo até aquí... Debe estar por aquí... Yo..., con los "ponnies".. -tartamudeó Bab consternada al darse cuenta que por ninguna parte se veían rastros del perro.
Ben silbo. llamo y busco en vano. Por fin, un hombre que andaba por allí le dijo:
-Si buscas un perro grande, lanudo, vete afuera. Yo lo vi salir persiguiendo a otro perro.
Con Bah tras de el. Ben se precipito en dirección al lunar indicado, sin cuidarse de la lluvia. Ambos se daban cuenta que sobre elles se cernía tina gran desgracia. Pero Sancho ya había desaparecido mucho entes, y nadie se había preocupado de los furiosos ladridos que dio cuando lo encerraron en un carro cubierto.
-Si se pierde, no te lo perdonare nunca, ¡nunca!... -y Ben no pudo dominarse y propino varios coscorrones a Bab y le dio dos buenos tirones de trenzas.
-¡Lo siento mucho!... Pero Sancho volverá; tú dijiste que siempre vuelve... murmuro Bab desconsolada, presa de gran angustia y un poco asustada también del aspecto furioso de Ben, ya que rara vez lo había visto de aquel humor, pues el nunca era rudo con las niñas.
-Si no vuelve no me dirijas la palabra por espacio de un año. Ahora me vuelvo a casa.
Y comprendiendo que sus palabras no alcanzaban a demostrar todo su enojo, se alejo caminando con toda la seriedad que cabe en un muchacho de su edad.
Pero criatura de aspecto más afligido y desconsolado que Bab difícilmente se hubiera podido encontrar. Caminaba salpicándose de barro, pues no se cuidaba de evitar los charcos, y se empapaba de arriba abajo como si con ello quisiera purgar sus pecados.
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