Bajo las Lilas (Louisa May Alcott) - pág.106
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-Sería mejor que desearas que apareciera Lita con el coche para que pudiéramos volver todos juntos -contestó Ben al mismo tiempo que los conducía en dirección a la salida donde se había detenido mucha gente que aguardaba que amainara la tormenta.
-¡Pero si es Billy Barton! ... ¡Como diablos has llegado hasta aquí?. .. -gritó alguien con tono de sorpresa mientras un bastón en forma de cavado alcanzaba al muchacho y lo sujetaba por el cuello obligándolo a enfrentarse con un joven granjero quien trataba de abrirse paso seguido de su mujer y varios niños. -¡Oh!... ¡Tío Eten!... ¡ Qué alegría me da que me hayas encontrado! ... Tenía que volver caminando a casa, llueve y no me siento bien... ¡Déjame ir contigo, por favor!... -pidió Billy colgándose con desesperación del brazo que lo tenía sujeto. -No me explico como tu madre permitió que vinieras tan lejos convaleciente como estás de la escarlatina. Nosotros somos muchos, como de costumbre, pero te haremos un lugarcito -dijo la bondadosa mujer del tío que se ocupaba de abrigar al pequeñuelo que llevaba en sus brazos y empujaba a otros dos para que no se separaran del padre.
-Pero yo no vine solo. Sam consiguió que alguien lo llevara a grupas en su cabalgadura. Quedan Ben y Bab ¿no podrían hacer un lugar también para ellos? Ninguno de los dos ocupará mucho sitio... -rogó Billy ansioso de ayudar a sus amigos.
-Nos es imposible. De regreso, debemos levantar a mamá en el camino y solo nos queda lugar para ella. Está aclarando; date prisa. Lucy, y procuremos salir de este atolladero lo más rápido posible... - dijo el tío Eten con impaciencia. Porque eso de ir a un circo con una familia numerosa no es cosa muy sencilla, como lo sabrán muy bien los que han pasado por esa experiencia.
-Siento realmente que •no haya un lugar para ti, Ben. Le diré a la mamá de Bab donde están ustedes y quizá ella envíe alguien a buscarlos -explicó Billy apresuradamente, mientras partía apesadumbrado de tener que abandonar a sus compañeros; aunque su compañía no le sirviera a ellos de mucho.
-Vete tranquilo y no te preocupes por nosotros. Yo estoy muy bien y Bab se portará lo mejor posible -fue todo lo que alcanzo a decir Ben antes de que su camarada fuera arrastrado por la muchedumbre que se agolpaba en la puerta de salida abriendo y cerrando paraguas en medio de una gran confusión de muchachos y hombres que aumentaban con sus voces la agitación general.
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