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Bajo las Lilas (Louisa May Alcott) - pág.105

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Cuando el rifle del domador dejó escapar un disparo y los tigres cayeron como muertos, Bah apenas si pudo contener un gritó y se tapó los oídos con las manos. Pero el pobre Billy ni siquiera ovó el estampido porque. pálido y tembloroso, estaba pendiente de la "artillería celeste" que descargaba toda su furia por encima de su cabeza al mismo tiempo que la luz enceguecedora de un relámpago le hizo temer que los palos y las lonas del circo se vinieran abajo. Se cubrió los ojos y deseó con todas sus fuerzas hallarse pronto a salvo en su casa, junto a su madre.
-¿Tienes miedo a los truenos, Bill? -preguntó Ben procurando hablar despreocupadamente aunque el sentido de su propia responsabilidad comenzaba a inquietarlo. ¿Cómo llevaría a Bah a su casa en medio de ese diluvio?
-Las tormentas me enferman. No puedo soportarlas. Desearía no haber venido suspiró Billy quien, demasiado tarde ya, se daba cuenta que una limonada y unas pastillas no eran alimento suficiente, y que una carpa cerrada no era el sitio apropiado para pasar una calurosa tarde de julio, especialmente si prometía ser tormentosa como ésa.
-Yo no te pedí que vinieras; fuiste tú quien me entusiasmo a mí, de modo que yo no tengo culpa ninguna -dijo Ben, un poco incomodo, mientras la gente se amontonaba. para salir sin prestar atención a las canciones cómicas del payaso que seguía cantándolas sin hacer caso de la contusión.
-¡Oh!... Yo estoy tan cansada... - rezongó Bab desperezándose y estirando brazos y piernas.
-Debiste sentirte cansada antes de venir. Nadie te invito a ti tampoco - y Ben miro con expresión contrariada a su alrededor buscando un rostro conocido o tratando de hallar a alguien con más cabeza que el para que le ayudara a salir de aquel atolladero donde se había metido.
-Yo dije que no los molestaría y así será. Me iré a casa en seguidita. No le temo a los truenos y la lluvia no estropeará más de lo que está mi ropa vieja. ¡Vamos!... -gritó Bah muy resuelta y animosa, y decidida a mantener su palabra, aunque una vez concluida la función las cosas ya no parecían tan sencillas.
-Me duele la cabeza atrozmente. ¡Como me gustaría que apareciera el viejo Jack y me llevara a casa -murmuro Billy, a quien una súbita energía lo llevaba a seguir a sus compañeros en desgracia mientras se dejaba oír una nueva y más potente descarga de truenos.


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