Bajo las Lilas (Louisa May Alcott) - pág.103
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y con disimulo y de reojo miró a dos pequeños cachorritos que salieron de un cesto y comenzaron a subir y bajar una escalera apoyándose sólo en sus patas delanteras, bailaron luego sobre sus patas traseras y realizaron una serie de cabriolas
ara gran satisfacción del público infantil.
-Si me dejaran, yo podría hacerlo mejor y dejarlos a todos boquiabiertos... -pensaba Sancho encogiéndose y volviendo
espalda a ese mundo que no lo comprendía.
-Me da pena tenerle que ordenar que se quede quieto, fíjese que él podría trabajar mejor que todos esos perros juntos. Daría cualquier cosa por poder exhibirlo como antes. La gente lo admiraba y yo me sentía orgulloso de él. Ahora está nervioso porque lo he tenido que castigar y no quiere saber nada conmigo -dijo Ben mirando con un poco de remordimiento a su ofendido camarada aunque sin decidirse todavía a pedirle disculpas.
Hubo luego varios números hípicos y Bab miraba conteniendo la respiración a la hábil amazona que conducía cuatro caballos y los obligaba a saltar aros y vallas a tal velocidad y con tanta seguridad y soltura que nadie podía imaginarse hubiera algún peligro en aquellos ejercicios. En seguida, dos niñas se echaron a volar desde un trapecio v bailaron sobre la cuerda floja, con lo que hicieron pensar a Bab que por fin había descubierto su vocación y podría responder a la pregunta´ que su madre siempre se hacía:
-No sé para qué me servirá esta hija mía. Lo único que sabe hacer son travesuras...
-Cuando vaya a casa .me arreglaré un vestido para que se parezca a ésos y le demostraré a mamá lo hermoso que es esto. Puede ser que me permita, entonces, usar pantalones rojos y dorados y trepar y saltar como estas niñas... -comenzó a maquinar el activo cerebro de Bab, muy excitado a raíz de todo lo que había visto durante ese día memorable.
Pero una pirámide de elefantes en cuya cúspide se hallaba sentado un caballero vestido con un brillante atavío, con un turbante rojo sobre la cabeza y altas botas negras consiguió hacerle olvidar ese interesante proyecto. Ese número llamó poderosamente su atención, lo mismo que la aparición de una jaula con tigres de Bengala junto con los cuales estaba encerrado un hombre quien corría el riesgo de ser devorado por las feroces fieras. Justamente en el momento en que los animales salían a la pista con paso pesado se oyó un espantoso trueno que causó gran alarma entre el público.
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