Bajo las Lilas (Louisa May Alcott) - pág.101
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-He oído decir a unos señores que la ley prohibe trabajar a los niños. porque es peligroso y no le conviene esa clase de trabajos. Si eso es verdad. tú no tienes nada que hacer aquí. Ben -observo Sam con aire de persona entendida v sin olvidar las alusiones que Ben había hecho. con, respecto a "los niños gordos".
-No creo que eso sea verdad y te aseguro que si Sancho y yo nos presentáramos seríamos contratados al instante. Formamos un número muy interesante y me están entrando ganas de demostrárselo a todos -dijo Ben comenzando a ponerse nervioso y un poco petulante.
-¡Oh!... ¡Ya comienza la funciona… Vienen carruajes dorados, hermosos caballos, banderas. elefantes... -gritó Bab y dio un tirón al brazo de Ben en el momento en que toda la comparsa hacía su aparición encabezada por la banda de música cuyos músicos soplaban con tantas ganas en sus instrumentos que sus caras se ponían rojas como sus uniformes.
Dieron varias vueltas alrededor de la pista para que la concurrencia pudiera verlos a todos. Luego los jinetes, con las plumas de sus sombreros agitadas por el viento, quedaron haciendo caracolean a los caballos que piafaban ruidosamente, y los acróbatas se sentaron con desgano sobre la arena como si fueran a echarse a dormir allí no más.
-¡Qué hermosura!... -exclamó Bab cuando vio como saltaban los jinetes sin esperar que se detuvieran sus cabalgaduras.
-Eso no es nada. Aguarda a que monten en pelo y hagan saltos acrobáticos... -dijo Ben luego de dirigir una nueva mirada al programa y con la entonación de quien conoce todo perfectamente y ya nada puede sorprenderlo.
-¿Qué son saltos acrobáticos? -preguntó Billy que ansiaba toda clase de informaciones.
-Saltar muy alto haciendo pruebas. Pero mira qué hermoso caballo... -Y Ben olvido todo lo demás y solo tuvo ojos para contemplar el espléndido animal que se acercaba con paso de danza, tumbaba sillas v las volvía a colocar, derechas, en su lugar, se arrodillaba, saludaba, realizaba varias pruebas y concluía dando un rápido galope mientras su jinete se abanicaba con ambas piernas cómodamente cruzadas sobre el cuello del caballo-. ¡Eso sí que es maravilloso!... -Y tos ojos de Ben brillaban de admiración y envidia mientras seguían a la pareja que desapareció tras el telón.
Dando saltos, la pareja de acróbatas vestidos de rojo y plata entraron a la pista.
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