Bajo las Lilas (Louisa May Alcott) - pág.100
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Quiero estar cerca de la entrada de los artistas para ver si descubro a alguno de los hombres de Smithers.
-Yo prefiero no sentarme por allí porque no se ve bien y además el tambor hace tanto ruido que no nos dejará oír nada -dijo Sam cuando se les reunió.
Puestos por fin de acuerdo, se ubicaron en un sitio desde el cual podían ver y oír cuanto ocurría en la pista y hasta alcanza
ban a divisar a los caballos blancos de arneses de colores y el brillo de los yelmos que se encontraban del otro lado del sucio cortinado rojo. Ben compro maníes y maíz frito para Bab y adoptó una actitud de padre indulgente mientras la niña. sentada entre él y Bílly, murmuraba con la boca llena de palabras de agradecimiento.
Sancho, por su parte, se excitaba con todas aquellas escenas y ruidos familiares y su pobre mente de animal no alcanzaba a comprender la actitud de su amo; porque él consideraba que debían estar dentro del escenario, con la ropa de trabajo y aguardando su turno para actuar. Miraba con ansiedad a Ben v mordisqueaba la correa como si quisiera indicarle que en lugar de ella un moño rojo tenía que adornarle el cuello; y luego separaba con la pata las cáscaras de maníes como si buscara las letras para escribir.
-Te comprendo muy bien, amigo mío, pero nosotros no tenemos nada que hacer allí. Hemos renunciado a ese trabajo v ahora no somos más une simples espectadores. Por eso, a quedarse quieto y a portarse bien-musito Ben acomodando al perro bajo su asiento y dando unos golpecitos a la cabeza que asomaba entre sus pies.
-¿Quiere salir al escenario a trabajar? -preguntó Billy y agregó:
-¿.Y tú también? ¡Me gustaría verlos! ... ¿No sería divertido que Ben se presentara en el escenario?
-A mí me daría miedo verlo montado sobre un elefante o dando saltos a través de los arcos como lo hacen los acróbatas... -respondió Bah que se puso a estudiar su programa.
-¡Bah!... Yo he hecho eso infinidad de veces y me gustaría demostrarles de qué soy capaz. No creo que tengan un muchacho en la compañía y no sería extraño que me tomaran si llegara a ofrecerme -dijo Ben, quien se movía inquieto en su asiento y dirigía ansiosas miradas en dirección al interior de la carpa donde sin duda se habría hallado más en su ambiente que allí, en medio de la platea.
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