Bajo las Lilas (Louisa May Alcott) - pág.99
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el chillido de los monos. los quejidos de los camellos i la música de la banda ubicada en el alto palco rojo.
Cinco elefantes comían su heno dentro de las jaulas y Billy sintió que se le aflojaban las piernas cuando vio esas enormes bestias de largas trompas y ojos pequeños pero muy vivos. A Sam lo divertía tanto el ruido que hacían los monos. que sus compañeros lo dejaron frente a la jaula de esos animales y ello, se fueron a ver la cebra.
-…rayada como el vestido de gasa de mamá -observó Bab.
Pero en cuanto descubrió . a los "ponnies" con sus crías se olvido por completo de aquélla. Sobre todo le llamo la atención un caballito muy pequeño que dormía sobre un colchón de heno, tan igualito a su madre, tan pequeñito que parecía mentira que fuera un animal de verdad.
-¡Oh, Ben!... ¡Yo quiero acariciar a ese caballito!... -dijo Bab. Y paso las sogas para tocar suavemente con la mano al hermoso caballito mientras la madre la vigilaba con ojo atento, husmeaba el sombrero marrón de la niña y el caballito entreabría perezosamente los ojos para ver qué sucedía.
-¡Sal de allí!... ¡Eso no se debe hacer!... -ordenó Ben que aunque deseaba hacer lo mismo sabía respetar la propiedad y su propia dignidad.
De mala gana Bah se dejo arrastrar adonde estaban los cachorros de leones parecidos a grandes perros y los tigres que se lavaban la cara igual que los gatos.
-¿Se enojarán si los acaricio? -preguntó Bab dispuesta a pasar su mano a través de los barrotes dándole a Ben tiempo justo para que le pegara un tirón de la falda y le impidiera así cometer esa locura.
-No se te ocurra acercarte porque te arrancarán la mano. Los tigres ronronean cuando están satisfechos y contentos, pero nunca son mansos y gruñen constantemente -explicó Ben. Luego se abrió paso en dirección al sitio donde los gibosos camellos con una expresión triste en los ojos que parecía indicar cuánto añoraban el amplio desierto, rumiaban pacíficamente.
Apoyado contra las sogas, mordiendo con displicencia una paja Ben parecía el empresario de aquel circo. Pero el agudo relincho de un caballo lo saco de aquella posición y le recordó que adentro los aguardaban maravillas superiores.
-Es mejor que nos apuremos a entrar para conseguir buena ubicación. La gente comienza a amontonarse.
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