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Bajo las Lilas (Louisa May Alcott) - pág.97

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Ahora será mejor que aprovechemos a divertirnosaconsejo Sam a quien hacía gracia Bab por la sencilla razón de que ninguna de las picardías de la niña lo perjudicaban a él.
-¿Qué habrías hecho si no nos hubieses encontrado? -preguntó Billy cuya impaciencia se trocó en admiración por la resuelta chiquilla.
-Hubiese seguido por el camino hasta encontrar el circo y luego, de regreso a casa, le habría contado todo a Betty - respondió Bab sin vacilar.
-Pero no tienes dinero para la entrada...
-¡Oh! ... Le habría pedido a cualquiera que me pagara la entrada. Como soy pequeña el gasto no habría de ser mucho.
-Lo más probable es que nadie te la hubiera pagado y entonces no ibas a tener más remedio que quedarte afuera.
-Pensé en la posibilidad, pero tenía muy bien planeado lo que haría si no hallaba a Ben. Obligaría a Sancho a realizar algunas pruebas y estoy segura de que de ese modo iba a obtener algunas monedas. Y ahora, sigamos viaje... -exclamó Bab muy resuelta y decidida a salvar cualquier obstáculo.
-No dudo de que habrías puesto en práctica lo que dices, Bab. Eres una gran muchacha, y si me alcanza el dinero, yo te pagaré la entrada -concluyo Billy mirándola con afecto.
-No es necesario. Yo me hago cargo de ella. Está muy mal que hayas venido, pero lo hecho, hecho está. Ahora quédate tranquila y no te preocupes por nada. Yo no me separaré de tu lado y te divertirás en grande-manifestó Ben resuelto a cargar él con todas las responsabilidades y dispuesto a ser bueno y condescendiente con su fiel amiga.
-Espero que así sea -murmuró Bab cruzándose de brazos como si lo único que le quedara por hacer, a partir de aquel momento, fuera divertirse.
-¿Tienes hambre? -preguntó Billy buscando en sus bolsillos restos del pan de jengibre.
-Estoy desfalleciente... -Y Bab se comió el trozo de pan con tanta desesperación que Sam, compadecido, le dio una parte de lo que le había quedado. Ben busco un poco de agua límpida en la parte en que el arroyuelo saltaba sobre unas piedras.
-Lávate la cara, arréglate el cabello v enderézate el sombrero. Luego reemprenderemos la marcha -ordenó Ben haciendo señas a Sancho para que se revolcara por el pasto y se limpiara.
Bab se restregó la cara hasta dejarla brillante y cuando levanto el delantal para secarse, dejo caer un montón de tesoros que había encontrado en el camino.


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