Bajo las Lilas (Louisa May Alcott) - pág.96
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Este parece-ser el único camino que conduce al circo..
Bab hablaba como si el perro pudiera entenderla y darle alguna contestación. Y pareció que Sancho iba a hacerlo, porque dejó de beber, paró las orejas y mirando en dirección a la loma se puso a ladrar sospechosamente.
-Debe haber ardillas. No te inquietes y pórtate bien. ¡Estoy tan cansada que no sé qué hacer!... - suspiró Bab, quién echó a caminar y procuró arrastrar al perro tras de sí, ansiosa de poder admirar, aunque más no fuera,. la- parte exterior del circo.
Pero Sancho había oído un ligero silbido y dando un fuerte tirón cortó la correa, trepo de un salto la barranca y cayo sobre Ben que estaba inclinado espiando. Fue recibido con alegres carcajadas y al encontrar a su amo de tan buen humor, aprovecho para echarse sobre él, lamerle la cara, husmearle el cuello, morderle los botones del saco y ladrar jubilosamente como si fuera la cosa más divertida hacer una caminata de cuatro largas millas para jugar a las escondidas.
Antes de que Ben lograra apaciguarlo, Bab había trepado también la barranca y su rostro sucio e infantil tenía una expresión tan pintoresca mezcla de temor, fatiga, decisión y alivio, que los muchachos no pudieron ser severos como hubieran querido.
-¿Como se atrevió a seguirnos, señorita? -preguntó Sam mientras ella echaba una mirada a su alrededor antes de sentarse en el suelo.
-Sancho quiso seguir a Ben. No conseguí llevarlo a casa, de modo que tuve que venir tras él hasta dejarlo seguro aquí donde no podía perderse y evitar así que Ben se enojase.
La inteligente excusa divirtió a los muchachos. Y en tanto que Ben lograba a duras penas esquivar las caricias del perro y se incorporaba, Sam prosiguió su interrogatorio:
-Supongo que ahora pretenderás ir al circo...
-Naturalmente... Ben dijo que a él no le importaría pagarme la entrada si yo no lo molestaba. Así lo haré, y luego me volveré sola a casa. No tengo miedo, Sancho sabrá cuidarme si ustedes no quieren hacerlo -respondió Bab muy resuelta.
-¿Qué te dirá tu madre cuando regreses? -interrogo a su vez Ben en tono de reproche.
-Estoy segura que pensará que tú me has inducido a emprender esta aventura... - Y la astuta chiquilla sacudió la cabeza como si lo desafiara.
-Eso se arreglará a la vuelta.
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