Bajo las Lilas (Louisa May Alcott) - pág.89
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Aquel, sentado sobre una cerca, actuaba de árbitro con gran alegría de su parte. Ben prometía ser un buen discípulo, pues hizo rápidos progresos; sus ojos, pies y manos que fueran otrora tan bien adiestrados, le prestaron un excelente servicio y Brown fue considerado casi en seguida un "catcher" de primera clase.
Sancho se distinguió por su habilidad en encontrar las pelotas extraviadas y cuando era necesario, cuidaba los sacos esparcidos sobre la hierba con el aire respetuoso que tiene la guardia que está junto a la tumba de Napoleón. Bab hubiera deseado unirse al juego de los muchachos que prefería a los aburridos "pie-nics" o a los paseos con las muñecas; pero sus héroes no, la querían a ningún precio y ella tuvo que conformarse y sentarse junto a Thorny a observar con ansioso interés los altibajos -del juego de "nuestro equipo".
Para el 4 de Julio, los muchachos proyectaron jugar un importante partido; pero cuando el club se reunió para organizarlo las circunstancias se mostraron poco propicias. Thorny se había ido con su hermana a la ciudad a pasar el día, dos de los mejores jugadores no aparecieron y los demás estaban completamente exhaustos a consecuencia de las fiestas que habían comenzado al alba.Se tendieron entonces perezosamente sobre el césped bajo los grandes álamos a comentar sus decepciones y desilusiones.
-Es el 4 de Julio más pobre que he visto en mi vida. N; cohetes ha habido esta vez a causa de un caballo que por ellos se espantó el año pasado-rezongó Sam Kitteridge, disgustado con el severo edicto que prohibía a los ciudadanos quemar cuanta pólvora les viniese en ganas como lo hacían años anteriores.
-El año pasado Jimmy perdió un brazo cuando hicieron las salvas con el viejo cañón. ¿No resultó entretenido ir a visitarlo al hospital y luego acompañarlo de regreso a su casa? -comentó otro niño, a quien había defraudado la falta de accidentes, una de las partes más interesantes del programa de festejos.
-Y a menos que arda algún granero, tampoco habrá fuegos artificiales -manifestó otro muchacho, el cual en aquella ocasión se había dedicado con tal ardor e imprudencia a la pirotecnia que había asado en sus fuegos la vaca de un vecino.
Yo no daría ni dos céntimos por un lugar tan viejo y aburrido
como ésta. El 4 de julio del año pasado yo me pasee por las calles de Boston sentado en lo alto de nuestro gran coche y vestido con mis mejores galas.
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