Bajo las Lilas (Louisa May Alcott) - pág.79
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Entonces Thorny le replicaba que esas piernas estaban bien arriba del caballo pero que abajo, un hombre parecía un pato caminando. A lo que Ben contestaba que, por su parte, prefería caminar como un pato antes que tambalearse como un caballo mareado. Con eso daba en el blanco, porque el pobre Thorny parecía, en realidad, un débil potrillo cuando intentaba caminar, pero pretendía no tomar en cuenta la alusión y abrumaba a Ben hablándole de los centauros o mencionando a los griegos y a los romanos, quienes habían sido excelentes jinetes y, sin embargo, habían poseído piernas derechas y hermosas. A esas cosas Ben no podía responder, pero hablaba con orgullo de las carreras de caballos en las que él había intervenido y en las que nunca podrían tomar parte jóvenes de piernas débiles. Entonces Thorny observaba que no era propio de un caballero hacer referencia a las desgracias de sus amigos, lo cual movía a Ben a mirarse sus grandes manos con deseos de dar un buen sacudón a su amigo. Pero recordaba en seguida la condición del pobre muchacho y cuánto debía a su señorita y ponía punto final a la controversia con unos ágiles saltos mortales que calmaban su enojo y le ayudaban a recuperar el buen humor. O a veces, cuando Thorny se hallaba sentado en la silla de ruedas, lo empujaba llevándolo con gran velocidad hasta perder el aliento, con lo que quería demostrar que si los ignorantes consideraban que sus piernas no eran buenas él probaría que no las había mejores para correr.
A Thorny le gustaba aquello, de modo que se olvidaba de la enojosa discusión y se ponía a hablar de cosas más agradables. Y así la amenazadora pelea terminaba en carcajadas que festejaban alguna ocurrencia y, por tácito acuerdo, , evitaban el asunto "piernas" hasta que algún accidente lo traía a colación nuevamente.
El sentimiento de rivalidad existe hasta en los mejores de nosotros y es un sentimiento inspirador y provechoso si sabemos hacer buen uso de el. La señorita Celia sabía eso y se valía de ello para que los niños pudieran beneficiarse mutuamente. Impedía que hicieran comparaciones desagradables, pero los impulsaba a que imitaran y tomaran las cosas buenas y hermosas dondequiera las hallaran. Thorny admiraba la destreza de Ben, su actividad e independencia; Ben envidiaba los conocimientos ele Thorny, sus buenos modales y la comodidad en que vivía, y cuando una palabra autorizada ponía cada cosa en su lugar, ambos quedaban tranquilos y contentos, seguros de que había una cierta igualdad entre ellos, ya que el dinero no podía comprar la salud, y el conocimiento práctico demostraba ser tan útil como cualquier conocimiento aprendido en los libros.
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