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Bajo las Lilas (Louisa May Alcott) - pág.78

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Ella lo llamaba "mi hombrecito" y Ben procuraba serlo soportando su dolor con tal entereza que, no obstante ser un niño aún, inspiraba respeto a su amiga; porque Ben era toda una promesa para el futuro.
Por otra parte en aquel entonces, ella se mostraba siempre tan alegre que resultaba imposible para quienes vivían a su lado sentirse tristes, y muy pronto Ben volvió a estar contento, pues escondió su pena y guardó el recuerdo de su padre en un rincón oculto del corazón. No habría sido un verdadero niño si no se hubiera sentido dichoso en ese hermoso lugar donde, por primera vez, experimentaba la sensación de que tenía un hogar.
¡Basta de arrancar malezas!... Sus tareas ya no lo cansaban ni aburrían, pues eran variadas y livianas. Por fin no veía más la cara desagradable del malhumorado Pat, sino que podía contemplar el suave rostro de la señorita Celia, de cuyos labios siempre brotaban palabras de elogio gracias a las cuales cualquier trabajo parecía agradable.
Al principio se creyó que iban a surgir dificultades entre los dos niños, ya* que Thorny era autoritario por naturaleza y a causa de la enfermedad que lo había dejado débil y nervioso a veces se mostraba despótico e imperativo. A Ben le habían enseñado a obedecer sin protestar a las personas mayores que çel, y si Thorny lo hubiese sido no habría hecho cuestiones. pero resultaba duro tener que obedecer continuamente a un muchacho y, sobre todo, a un muchacho tan caprichoso como aquél.
Sin embargo, una sola palabra de la señorita Celia alejaba de inmediato las tormentas. Por cariño a ella su hermano prometía ser paciente y Ben declaraba que-no se enfurecería aunque el señorito Thorny lo molestara. Y así, muy pronto, ambos niños se olvidaban, uno, de que era el amo, y el otro de que era un "hombrecito"; vivían en paz como dos camaradas, se disculpaban mutuamente su mal carácter y encontraban gran placer y provecho en su recíproca amistad.
En el único punto en que jamás lograban ponerse de acuerdo era en el que se refería a las piernas, cosa que provocaba la risa de la señorita Celia. quien los veía discutir esa cuestión con gran seriedad y calor. Thorny insistía en que Ben era patizambo. A Ben le disgustaba el epíteto y manifestaba que las piernas de todo buen jinete debía ser ligeramente curvas, y quienquiera que supiese algo sobre el particular estaría de acuerdo con él y reconocería que eso era una necesidad y un signo de belleza.


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