Bajo las Lilas (Louisa May Alcott) - pág.69
Indice General
|
Volver
Página 69 de 209
"¡Que lo cuelguen!... ", no me parece una expresión muy indicada para descargar mi furia...
-Thorny exclama "te confundan...", por cualquier cosa. Yo le aconsejé que silbara en lugar de decir eso, y a veces silba tan súbita y estridentemente que me hace saltar. ¿Por que no pruebas tú también? -propuso la señorita Celia a quien no sorprendían las costumbres del niño, ya que estas eran consecuencia natural de sus anteriores compañías.
Ben sonrió y prometió hacer como la joven decía y experimentó una traviesa alegría al pensar que también en eso vencería -no le cabía la menor duda- al señorito Thorny. Dominaría a toda costa las palabras groseras que dos o tres veces por día le subían a los labios.
La campana repicaba en el momento que ellos entraban en el pueblo, y mientras ataba a Lita veía llegar, de todas partes. gente que se agrupaba junto a los peldaños de la vieja capilla como las abejas alrededor de la colmena. Acostumbrado a ver que los hombres entraban en las carpas del circo y no se quitaban los sombreros, Ben no se ocupó del suyo, y bajaba ya por la nave con el puesto cuando sintió que una mano suave se lo quitaba y que la señorita Celia le susurraza al entregárselo:
-Este es un recinto sagrado; recuérdalo y descúbrete siempre al entrar.
Muy avergonzado, Ben la siguió hasta el banco donde pronto se les reunieron el señor alcalde y su esposa.
-Encantado de verlo aquí -dijo el anciano caballero, con un gesto cordial, pues reconoció al muchacho y recordó su duelo.
-Espero que no se moverá durante el oficio -suspiró la señora Allen acomodándose en un rincón con gran ruido de sedas.
-Yo cuidaré de que no la moleste -respondió la señorita Celia empujando un banquito bajo las piernas cortas de la señora y poniendo un abanico de palma al alcance de su mano.
Ben contuvo un profundo suspiro; la perspectiva que se le ofrecía no era muy agradable. A un muchacho inquieto se le hace difícil soportar una hora de cautividad, y él quería portarse bien.
Lo primero que hizo fue cruzar los brazos y sentarse y quedar rígido, como una estatua. Sólo los ojos movía. Los hizo girar de un lado a otro, de arriba a abajo, desde el alto y rojo púlpito hasta los viejos libros de himnos colocados sobre el atril, reconoció dos caritas que asomaban bajo el ala de sendos sombreros adornados con cintas azules, y no pudo resistir la tentación de responder con una mueca al solemne saludo que Betty y Bab le hicieron desde el otro lado de la nave.
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
51
52
53
54
55
56
57
58
59
60
61
62
63
64
65
66
67
68
69
70
71
72
73
74
75
76
77
78
79
80
81
82
83
84
85
86
87
88
89
90
91
92
93
94
95
96
97
98
99
100
>>>
Páginas
1-50
51-100
101-150
151-200
201-209
|