Bajo las Lilas (Louisa May Alcott) - pág.67
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-Bueno, yo quiero que... -comenzó Thorny con un tono que no prometía nada bueno.
Una mirada de su hermana le recordó lo que ella le dijera media hora antes y se callo al instante comprendiendo por qué la joven era más buena con el "pequeño vagabundo".
-Yo también, pues tú no puedes conducir aún y yo no quiero estropear mi par de guantes nuevos sujetando a Lita -dijo la señorita Celia con una entonación que irritó un poco al señorito Thorny.
-¿Ben va a limpiar mis botas antes de salir? -preguntó dirigiendo una mirada a sus zapatos nuevos que crujían y le molestaban.
-No, limpiará las mías, si quiere tener esa bondad. Tú no necesitas las botas esta semana, de modo que sería perder tiempo inútilmente. Ben: encontrarás todo lo que necesitas en el cobertizo y a las diez puedes ir en busca de Lita.
Después de eso, la señorita Celia condujo a su hermano al comedor y Ben se retiro a desahogar su ira con el cepillo, y puso tantas energías que las botitas quedaron muy brillosas.
Cuando una hora después vio salir a la joven de la casa se dijo que jamás había visto nada tan bonito. Ataviada por, un chal blanco y un gorrito, sostenía un libro y un lirio del valle entre las manos cubiertas con guantes de color perla que apenas rozaron el coche al subir. Ben había visto en su vida infinidad de damas hermosas, pero todas llamaban la atención por los colores chillones de sus sombreros v vestidos, lucían ¡ovas baratas e infinidad de plumas, cintas y velos. Por eso le asombró que la señorita Celia aparecieran tan bella y elegante vestida con aquel sencillo atavío. No comprendía que el encanto reside en las personas y no en las ropas. Viviendo junto aesa dama adquiriría modales gentiles, buenos principios v pensamientos puros. Él se daba cuenta que era agradable estar bien vestido e ir a la iglesia como un niño serio. La sensación de soledad que lo abrumaba se suavizo mientras rodaban por la avenida, entre campos verdes, bajo el sol de junio que hacía brillar todo a su alrededor: en el aire, flotaba una gran paz, sentada a su lado su buena amiga, silenciosa admirando la belleza del mundo con expresión feliz, expresión que Ben llamó después "cara de domingo", que hacía olvidar el cansancio de la semana y daba fuerzas para comenzar alegremente las tareas cuando el día de fiesta terminara.
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