Bajo las Lilas (Louisa May Alcott) - pág.66
Indice General
|
Volver
Página 66 de 209
A partir de este momento tengo dos niños y me propongo hacer mucho por ambos. Antes de que Ben tuviera tiempo para demostrar su agradecimiento, una cabeza despeinada apareció por la ventana del piso superior y una voz somnolienta reclamo:
-¡Celia!... No puedo encontrar el cordón de mi zapato. Quiero que vendas a hacer el nudo de la corbata.
-¡Baja, perezoso, y trae una de tus corbatas negras! Los cordones de les zapatos están en la valija marrón, sobre mi tocador -respondió la señorita Celia, agregando con una carcajada después que la enmarañada cabeza desapareció murmurando aleo acerca de las "molestas valijas"-: Thorny ha sido muy mimado a causa de su enfermedad. No debes hacer caso de sus modales bruscos ni de sus caprichos. Pronto se le pasará y entonces estoy segura de que serán muy buenos amigos.
Ben tenía sus dudas al respecto, pero se propuso hacer cuanto estuviera de su parte para contentar a la joven, de modo que cuando el señorito Thorny apareció y saludo con un indiferente:
-¿Como estás, Ben?
El muchacho contesto respetuosamente:
-Muy bien, gracias-. Pero su saludo no era muy reverente, porque considero ene un muchacho que, como él, montaba en pelo y sabía dar un doble salto mortal no debía inclinarse ante ese niño que apenas tenía la fuerza de un gatito.
-Nudo marinero, por favor: dura más -dijo Thorny levantando el mentón para que pudieran ajustarle correctamente la corbata, va que él comenzaba a sentirse un pequeño "dando".
-Deberías usar la roja hasta que tengas más color, querido-su hermana frotó su mejilla sonrosada contra la pálida del muchacho como si quisiera prestarle sus colores.
-A los hombres no les importa su aspecto físico -exclamó Thorny escapando de su abrazo porque a él no le agradaban esas demostraciones de cariño delante de la gente.
-No, ¿eh? Aquí tenemos a un presumido que se cepilla el cabello doce veces por día y que se acomoda el cuello hasta cansarse -rió la señorita Celia pegándole un tironcito de orejas.
-¿Para quién es esta otra corbata? -preguntó Thorny con un tono muy digno presentando la otra prenda.
-Para mi otro niño. Tiene que venir a la iglesia conmigo. La joven hizo el segundo nudo de corbata al otro joven caballero con una sonrisa tan amable que hasta la cinta negra pareció iluminarse.
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
51
52
53
54
55
56
57
58
59
60
61
62
63
64
65
66
67
68
69
70
71
72
73
74
75
76
77
78
79
80
81
82
83
84
85
86
87
88
89
90
91
92
93
94
95
96
97
98
99
100
>>>
Páginas
1-50
51-100
101-150
151-200
201-209
|