Bajo las Lilas (Louisa May Alcott) - pág.62
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Lágrimas menos amargas rodaron entonces por sus mejillas, sentía que su pena se suavizaba y que la sensación de soledad se hacía menos terrible. Algún día él iría a aquel país lejano, más hermoso que la dorada California, a reunirse con su papá...
Nadie podría decir cuánto tiempo estuvo al piano la señorita Celia. Cuando ella se deslizó fuera para ver si Ben estaba aún allí, descubrió que otros buenos amigos habían acogido cariñosamente al niño en su seno. El viento que susurraba— entre las lilas le había cantado una suave canción de cuna, y la bondadosa cara de la luna enviaba sus rayos a través del verde arco de las hojas para que besaran y cerrarán los párpados del niño. Y el fiel Sancho permanecía inmóvil junto a su pequeño amo, quien con la cabeza apoyada sobre el brazo dormía profundamente, soñando, feliz, que "papá había vuelto a buscarlo... "
CAPÍTULO 11
A la mañana siguiente, la señora Moss despertó a Ben con un beso, apretando al huérfano contra su corazón sin hallar mejor manera para demostrar su simpatía. Ben había olvidado sus penas durante el sueño, pero tan pronto como entreabrió los párpados pesados de tanto llorar volvió a recordarlas. No lloró, pero se sintió extrañamente solo, y esa sensación persistió hasta que tuvo a Sancho junto a sí y le hubo contado todo. Delante de la bondadosa señora Moss se mostraba turbado y se alegró de que ella se marchara.
Sancho pareció comprender que su amo estaba preocupado, y escuchó su triste relato con demostraciones de interés, gemidos de condolencia, y cada vez que el muchacho expresaba la palabra "papá", lanzaba fuertes ladridos.
Era tan sólo una bestia, pero su afecto mudo confortaba a Ben más que cualquier palabra; porque Sancho había conocido y amado al padre tanto y tan bien como su propio hijo, y ese sentimiento los unía con más fuerza desde el momento en que habían quedado solos.
-Debemos ponernos luto, viejo amigo. Es lo indicado; nosotros seremos los únicos que rendiremos ese homenaje -dijo Ben mientras se vestía, recordando que toda la compañía había llevado crespones negros durante el funeral de Melia.
Significaba un verdadero sacrificio para su vanidad de muchacho arrancar de su sombrero nuevo la cinta azul con ancas doradas en los extremos y reemplazarla por la cinta gastada del sombrero viejo, pero Ben lo hizo sin titubeos y con gesto sincero, aunque.
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