Juegos tradicionales, entretenimientos e información

    Home | Juegos Online | Biblioteca | Libros Clásicos | Crucigramas | Ingenio | Enciclopedia | Diccionario | E-Commerce | Chat

  Secciones > Libros Clásicos > Bajo las Lilas (Louisa May Alcott)

Bajo las Lilas (Louisa May Alcott) - pág.61

Indice General | Volver

Página 61 de 209



-¿Quieres volver allá, Ben? -preguntó la señorita Celia con el objeto de distraer la atención del muchacho al hablarle de otras cosas.
-¡No!... ¡No!... Prefiero dar vueltas por el mundo y aun morirme de hambre. Ese hombre fue muy malo conmigo y con Sancho, y será peor ahora que no está papá. No me mande de regreso... ¡Déjeme quedarme aquí!... ¡Todos son tan buenos conmigo! ... ¡Y yo no tengo adónde ir!
La cabeza que Ben había -levantado con gesto desesperado volvió a caer sobre el cuello de Sancho como si ya no hubiera otro refugio para el.
-Te quedarás aquí y nadie podrá llevarte contra tu voluntad. Yo te llamaba en broma "mi ayudante"; ahora lo serás en serio. Esta es tu casa, y Thorny tu hermano. También nosotros somos huérfanos y viviremos juntos hasta que alguien más fuerte venga a cuidar de nosotros -prometió la señorita Celia con una mezcla tal de firmeza y ternura que Ben se sintió confortado, y demostró su agradecimiento apoyando su mejilla sobre el bonito zapato que estaba cerca de el, como si no hallara palabras para expresar lo que sentía por la gentil damita, a quien, desde ese momento, se prometió servir con toda fidelidad y abnegación.
Sancho también se consideró obligado a demostrar sus sentimientos y, gravemente, colocó la pata delantera sobre la rodilla de la señorita Celia mientras gruñía- como si quisiera decir:
-Cuente conmigo, si con algo puedo ayudar a pagar la deuda de mi amo.
La joven apretó cordialmente la pata suplicante y el leal animal se acurrucó a sus pies como un pequeño león, dispuesto a cuidar de la casa y de su dueña contra todo riesgo.
-No permanezcas sentado sobre esa losa fría. Acércate, Ben, que yo procuraré consolarte -dijo ella inclinándose para secar los lagrimones que aún rodaban por las mejillas tostadas del muchacho, medio ocultas entre la falda de su vestido.
Pero Ben se cubrió la cara con ambas manos y sollozó con renovado dolor.
-Usted no podrá consolarme. Usted no conoció a mi padre. ¡Oh, papá!... ¡Padrecito mío!... Si pudiera verte siquiera una vez más...
Nadie podía satisfacer aquella súplica, pero la señorita Celia encontró la manera de tranquilizar al pequeño. Una música muy dulce y muy suave que parecía venir desde el interior de la casa flotó sobre el ambiente. El niño, casi instintivamente, dejó de llorar y se puso a escuchar.


< Anterior  |  Siguiente >

<<< 51 52 53 54 55 56 57 58 59 60 61 62 63 64 65 66 67 68 69 70 71 72 73 74 75 76 77 78 79 80 81 82 83 84 85 86 87 88 89 90 91 92 93 94 95 96 97 98 99 100 >>>

Páginas  1-50   51-100   101-150   151-200   201-209  
Menú
Home
Biblioteca
Juegos Online
Juegos Flash
Crucigramas
Libros Clásicos
Sopas de Letras
Ingenio
Shop
Chat

En esta sección

Juegos, Cursos y
Enciclopedias gratis

Cursos Gratis
Biografías


Diccionario : A - B - C - D - E - F - G - H - I - J - K - L - M - N - Ñ - O - P - Q - R - S - T - U - V - W - X - Y - Z


Home | Biblioteca | Juegos | Crucigramas
  Acanomas.com : El mundo de los Juegos Acerca de Acanomas.com  

Contáctenos | Cómo publicitar | Términos y condiciones
Copyright ©1999-2008 Acanomas Networks. Todos los derechos reservados