Bajo las Lilas (Louisa May Alcott) - pág.58
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Me distraje tanto, que no me acordé de dársela.
Confundido y avergonzado Ben extrajo la carta de un bolsillo al mismo tiempo que aseguraba que él no tenía ningún apuro por el libro y qué lo mismo se alegraría si se lo daba cualquier otro día.
Dejando a los niños entretenidos en sus juegos, la señorita Celia se sentó en el "porch" y se puso a leer las cartas, que eras dos. Y mientras las leía su rostro se nubló y luego reflejó tal expresion de tristeza, que, quien la hubiera estado observando, se habría preguntado qué malas noticias podían haber borrado la alegaría de su rostro. Pero nadie presto atención, nadie vio con cuánta pena fijaba ella sus ojos en el rostro radiante de Ben y cómo, haciendo a un lado las cartas, se acercaba a los niños con una expresión de infinita compasión. Ben pensó que nunca había encontrado una mujer más dulce que aquella que se inclinaba junto a él y le ayudaba a armar un rompecabezas sin burlarse de sus errores.
La joven se mostró tan bondadosa con todos, que cuando abandono un momento a los niños para llevar a Thorny a descansar, los tres aprovecharon para hacer sus elogios al mismo tiempo que acomodaban todos los juguetes y se preparaban para partir.
-Se parece al hada buena de los cuentos. Tiene la casa llena de cosas maravillosas dijo Betty abrazando por última vez a la encantadora muñeca cuyos párpados que se subían y bajaban invitaban a cantar:
-Arroró, pequeña, duérmete, mi amor ...
Y cerrar los ojos para no echar a perder la ilusión.
-¡Cuánto sabe!.... Mucho más que la maestra... Nunca se impacienta, aunque la abrumemos a preguntas. Me gustan las personas que conocen tantas historias -agregó Bab cuya imaginación y sus ansias de saber jamás se saciaban.
-A mí me gusta mucho el niño y creo que él también me quiere, aunque al principio hayamos tenido dificultades para entendernos, Me ha pedido que, cuando pueda volver a sostenerse sobre las piernas, -le enseñé a montar y la señorita Celia me ha autorizado a hacerlo. Ella sabe qué es lo que hace feliz a su hermano.-Y Ben, agradecido, miraba al jefe árabe que le habían regalado y que era, sin duda, el mejor objeto de la colección.
-¿No les parece que llegaremos a divertirnos mucho aquí? La señorita dice que podemos venir todas las tardes a jugar con ella y Thorny.
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