Bajo las Lilas (Louisa May Alcott) - pág.54
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hacer entrar a Thorny en casa -dijo la señorita Celia al mismo tiempo que Randa se ocupaba de retirar de la mesa el servicio de té y traía una enorme bandeja llena de libros ilustrados, mapas juegos de prendas, figuras de animales y en medio de todo eso, una muñeca muy grande vestida como si fuera una criatura.
Apenas la vio, Betty extendió los brazos para recibirla en ellos con un gritó de placer. Bab se apodero de los juegos de prendas y Ben quedo extasiado contemplando un pequeño jefe árabe que saltaba sobre un caballo blanco enjaezado y preparado para la lucha. Thorny revolvió todo hasta encontrar un curioso rompecabezas que armo sin equivocarse luego de un largo estudio. Hasta Sancho encontró algo que le intereso y, sentado sobre sus patas traseras, metió la cabeza entre los niños y se puso a mover con la pata unas letras rojas y azules que aparecían sobre unos cartones.
-Parecería que las reconociera -dijo Thorny, divertido con los movimientos y´ esfuerzos del perro.
-¡Es claro que las conoce! ... Escribe tu nombre, Sancho. -Y Ben colocó en el suelo todas las letras mientras el perro, moviendo la cola, aguardaba la orden de su amo. Cuando todo el al
fabeto estuvo extendido delante de él, movió las letras hasta que separó seis que ordenó ayudándose con la pata y el hocico hasta que la palabra "Sancho" apareció correctamente escrita.
-¡Qué inteligencia extraordinaria!... ¿Sabe hacer algo más? -exclamó Thorny encantado.
-Infinidad de cosas. Así ganaba Sancho su sustento y el mío -contestó Ben. Y orgullosamente ordenó al animal que exhibiera todas sus habilidades lo cual hizo con tanta maestría, que hasta la señorita Celia quedo maravillada.
-Está muy bien amaestrado. ¿Sabes como le hicieron aprender todas esas cosas? preguntó la joven cuando Sancho se echo a descansar entre los niños.
-No, señorita. Papá lo educo cuando yo era aún muy niño, y nunca me dijo como lo hizo. Yo solo le ayudé a enseñarle a bailar, tarea muy sencilla porque Sancho es muy inteligente. Papá aseguraba que el mejor momento para darle lecciones era a la medianoche. A esa hora todo estaba tranquilo, nadie molestaba a Sancho ni le hacía equivocarse. Pero yo ignoro muchas de sus habilidades, que aprenderé cuando papá regrese. El me dijo que me enseñaría todo eso cuando yo fuera más grande.
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