Bajo las Lilas (Louisa May Alcott) - pág.53
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Respiró profundamente y volviendo a templar su lira comenzó:
Gratos transcurren los días,
en mi feliz hogar,
cruzando con sus raudas alas el valle de la vida.
Fríos son los días cuando vuelve el invierno.
Cuando pasaba los días placenteros en mi feliz hogar,
eran gratos los días a la verde orilla del arroyuelo;
eran gratos los días curando leía los libros de mi padre;
eran gratos los días del invierno, cuando ardía brillante el fuero.
-¿Bendito niño!... ¿De dónde sacará todo eso? -exclamó la señorita Celia asombrada, mientras los niños reían porque vieron que el pequeño Tennyson en lugar de darle un mordisco a la torta se lo había dado a la tortuga. Entonces, para descartar futuros errores, metió al pobre animal en un diminuto bolsillo con la mayor tranquilidad.
-Los saco de mi cabeza y hago versos a montones -explicó imperturbable.
-Aquí vienen los pavos reales a comer -interrumpió Bab cuando las elegantes aves hicieron su aparición, exhibiendo su brillante plumaje a la luz del sol.
El joven Barlow se incorporo para admirarlos; pero su sed de conocimientos no quedo saciada con eso, e iba a pedir inspiración a Juno y a Júpiter, cuando el viejo Jack, deseoso de compañía, asomo su cabeza por encima de la tapia del jardín y lanzo un tremendo rebuzno.
El inesperado sonido sobresalto al curioso indiscreto y lo saco de sus casillas; durante un momento, sus firmes piernecitas temblaron, perdió su solemne compostura y susurro asombrado:
-¿Así gritan los payos reales?
Los niños rompieron a reír como locos y la señorita Celia apenas logro hacerse entender del grupo al contestar alegremente:
-No, querido; ése es el burro que pide lo yayas a ver. ¿Quieres ir?
-No puedo quedarme un momento más aquí. Quizá mamá me necesite.
Y sin agregar otra palabra, el desconcertado poeta se retiro precipitadamente dejando olvidadas sus preciosas pajitas.
Ben corrió detrás del niño para cuidar que no le ocurriera nada. En seguida regreso y dijo que un sirviente se había hecho cargo del pequeño, el cual, mientras se alejaba, iba recitando un. nuevo poema en el que se mezclaban payos reales, burros y "flores de la vida".
-Ahora les mostraré mis juguetes y nos divertiremos hasta que llegue la hora de
2 Estas líneas fueron realmente escritas por un niño de seis años.
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