Bajo las Lilas (Louisa May Alcott) - pág.47
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Lo mismo que la soberbia indiferencia con que aquél contempló a la humilde grey que marchaba a pie. Sin embargo, no pudo tejar de saludar amablemente a Bab y Betty porque éstas se hallaban bajo el gran arce y, al recordar la librería circulante, la gratitud le hizo olvidarse de su dignidad.
-La próxima vez las llevaremos también a ellas -prometió la señorita Celia cuando comenzaron á ascender la loma-, pero hoy deseo hablar contigo. Mi hermano ha estado enfermo y lo he traído aquí para que se restablezca. Quiero hacer cuanto pueda para entretenerlo y divertirlo y pienso que tú puedes ayudarme de muchas maneras. ¿Te gustaría trabajar para mí en lugar de hacerlo para el alcalde?
-¡Ya lo creo que sí!... -exclamó Ben con tanto entusiasmo que no fue necesario que agregase nada más, razón por la cual la señorita Celia continuó muy complacida:
-Verás: el pobre Thorny está muy débil y es muy miedoso, no le gusta hacer esfuerzos a pesar de lo cual se lo ha sacado a pasear a menudo para que olvide sus pequeños preocupaciones. No puede caminar mucho aún, por eso le he comprado una silla de ruedas para llevarlo. Como los senderos son buenos, será fácil pasearlo. Esa es una de las cosas que tú puedes hacer. Otra, será cuidar sus animales preferidos hasta que él esté en condiciones de hacerlo. También, le relatarás tus aventuras y conversarás con él como sólo un muchacho puede hacerlo con otro. Eso lo entretendrá mientras yo escribo o salgo; nunca lo dejo mucho tiempo solo, y espero que pronto podrá correr como el resto de nosotros. Qué te parece el trabajo que te propongo?
-De primera. Cuidaré muy bien al pequeño y haré cuanto pueda para complacerlo, lo mismo que Sancho, pues éste quiere mucho a los niños -contestó Ben entusiasmado, ya que el nuevo trabajo era en todo de su agrado.
La señorita Celia rió y enfrió un tanto el entusiasmo del muchacho con las siguientes palabras:
-No sé qué diría Thorny si te oyera llamarlo "pequeño". Tiene catorce años y cada día está más alto. A mí me parece un niño porque tengo casi diez años más que él. Cuando lo veas, no deben atemorizarte ni sus piernas largas ni sus grandes ojos: está demasiado débil para causar daño alguno, y sólo procurarás no incomodarte si te manda demasiado.
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