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Bajo las Lilas (Louisa May Alcott) - pág.44

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Entonces abuelito vivía aquí y en su compañía pasamos días muy felices. Pero todos han partido ya y sólo nosotros dos hemos quedado.
-Tampoco nosotras tenemos papá -murmuró Bab, quien creyó ver algo en el rostro de la señorita Celia que la impresionó como si, de pronto, tina nube hubiera oscurecido el sol.
-En cambio yo, si lo encontrara, podría presentarles a mi padre, que es extraordinario -comentó Ben mirando ansiosamente en dirección al sendero como si esperase hallar a alguien aguardándole del otro lado del portón cerrado.
-Tú eres un muchacho afortunado y ustedes un par de niñas felices que tienen una mamá muy buena; yo misma lo he comprobado.
Y el sol volvió a brillar cuando la joven agitó la cabeza ale. gremente y miró a las sonrientes niñas, de pie delante de ella.
-Ya que usted no tiene mamá puede compartirla con nos. otras -musitó Betty con una mirada tan compasiva que sus ojos azules parecieron convertirse en dos suaves y húmedas violetas.
-¡Con mucho gusto!... Y ustedes serán mis hermanitas menores. Como no he tenido ninguna me causará una gran alegría que ustedes sean mis hermanas.
Y la señorita Celia tomó entre las suyas las dos manecitas regordetas, dispuesta a amar a todos, aquella primera y hermosa mañana que pasaba en su nuevo hogar, donde esperaba ser muy dichosa.
Bab sacudió la cabecita con satisfacción y contempló los anillos que brillaban en la bella mano que sostenía la suya. Betty, en cambio, echó los brazos al cuello de su nueva amiga y la besó con tanta suavidad, que el corazón ansioso de ternura de la señorita Celia experimentó un delicioso calor. Pues eso era lo que aquél anhelaba, ya que Thorny no había aprendido aún a retribuir ni la mitad de la ternura que se le prodigaba. Sostuvo a la pequeña junto a sí, y mientras jugaba con sus trenzas rubias, les habló de una, niñas alemanas que ella viera, las cuales usaban graciosas cofias de seda negra, polleritas cortas, zapatones de madera y cuidaban gansos o llevaban cerdos al mercado, tejiendo o hilando por el camino.
De pronto, "Randa" -así llamaba ella a su robusta criada- apareció para decirle que el señorito Thorny no quería esperar ni un minuto más. Entonces la señorita entró a desayunar con muy buen apetito mientras los niños corrían en busca de la señora Moss, a quien aturdieron contándole todos al mismo tiempo, como locos, lo sucedido.


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