Bajo las Lilas (Louisa May Alcott) - pág.35
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La señora Barton le había dado el género necesario para ello, y se le ocurrió que era una excelente ocasión para iniciar las lecciones de costura y al mismo tiempo hacer un regalo útil a Ben, quien, como todos los muchachos, no se preocupaba por lo que se pondría cuando se le gastara la ropa que tenía en uso.
El miércoles por la tarde era día de costura, de modo que las dos pequeñas "B" trabajaron afanosamente confeccionando las mangas de las camisas. Sentadas en un banco junto a la puerta mientras las agujas se movían sin cesar, cantaban con sus voces infantiles canciones escolares que interrumpían a cada dos por tres para charlar un poco.
Durante una semana Ben trabajo con mucho entusiasmo y nunca se le oyó protestar
o quejarse no obstante las tareas rudas y desagradables que le ordenaba hacer Pat y lo monótonas y fastidiosas que le resultaban las faenas domésticas. Su único consuelo era saber que la señora Moss y el alcalde estaban satisfechos con él; sus únicos placeres, estudiar las lecciones mientras apacentaba las vacas y recitarlas por las tardes cuando se reunía con las niñas bajo las lilas para "jugar al colegio".
Comenzó sin intenciones de ponerse a estudiar y no se dio cuenta que era eso lo que estaba haciendo cuando leía los libros que sacaba de la biblioteca. Pero las pequeñas lo interrogaban acerca de lo que ellas sabían, y el se sintió mortificado al descubrir cuán ignorante era. No lo dijo, mas recibió muy contento cuanto ellas le transmitían de su pequeña sabiduría. Deletreaba palabras "solo para que Betty se divirtiera"; dibujaba para Bob todos los osos y tigres que le pedía a condición de que ella le enseñase a hacer sumas sobre las lajas, y a menudo se entretenía durante sus solitarios paseos repasando en alta voz la tabla de multiplicar como lo hacían las niñas. El martes por la noche, el alcalde le pago un dólar, le dijo que era "un buen muchacho" y que podía quedarse una semana más si lo deseaba. Ben dio las gracias y pensó quedarse, pero a la mañana siguiente, después de haber levantado las barras del portón, se sentó en lo alto de la verja a estudiar sus perspectivas, pues le molestaba la idea de tener que soportar la compañía del grosero Pat. Como la mayoría de los muchachos odiaba el trabajo.
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