Bajo las Lilas (Louisa May Alcott) - pág.26
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Y si lo echaban no se ofendía sino que se iba a ladrar a Puss, refugiada en un árbol, espantaba a las gallinas o enterraba con cuidado un zapato viejo donde ya había escondido un hermoso hueso de cordero.
Cuando todos estuvieron preparados, Sancho, tranquilo ya, trotó detrás de la comitiva como un perro bien educado y acostumbrado a pasear con damas. Se separaron al llegar a un cruce de caminos: las niñas corrieron a la escuela mientras la señora Moss y Ben subían la colina hasta la casona del señor alcalde.
-No te asustes, muchacho; yo me ocuparé de contarle por qué has escapado. Si el señor alcalde te emplea, dale las gracias y procura ser juicioso y trabajador. No me cabe la menor duda de que si así lo haces progresarás -manifestó ella al mismo tiempo que hacía sonar la campanilla de una puerta lateral sobre la, cual brillaba escrito con grandes letras un nombre: MORRIS.
-¡Adelante! -chilló una voz áspera, y Ben, aunque se sentía como si fueran a sacarle una muela, siguió dócilmente a la buena mujer, la cual esbozaba su más agradable sonrisa ansiosa de causar buena impresión.
Un anciano caballero de cabeza blanca que leía un diario sentado en un sillón, dirigió a , los recién llegados una mirada escrutadora por sobre sus anteojos y dijo con un tono rudo que habría atemorizado a quien ignorase que bajo su amplio chaleco se ocultaba un gran corazón.
-¡Buenos días, señora! ¿Qué le trae hoy por aquí? ¿Acaso ha pillado a algún ladronzuelo robándole sus pollos?
-¡Por Dios!... No, señor -exclamó la señora Moss sobresaltada. En seguida, en pocas palabras, le relató la historia de Ben y con un tono tan patético refirió las penurias y el abandono del muchacho, que logró despertar el interés del juez y conmover al mismo Ben como si no fuera de él de quien estaba hablando.
-Vamos a ver, muchacho, ¿que sabes hacer? -preguntó el anciano después de escuchar con expresión comprensiva el relato de la señora Moss clavando la penetrante mirada que asomaba bajo sus tupidas cejas en el pobre Ben quien se sintió atravesado por ella como si fuese transparente.
-De todo un poco, señor ...
-¿Sabes arrancar yuyos?
-Nunca lo he hecho, señor, pero puedo aprender...
-¿A arrancar las remolachas y dejar los yuyos? ¿Te enseñaron a recoger frutillas?
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