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Bajo las Lilas (Louisa May Alcott) - pág.22

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Es un perro de mucho valor, ¿sabe usted, señora? Es el mejor perro amaestrado que he visto en mi vida, y sin duda desearán más su regreso que el mío. Era de papá, y a mí me dolía tener que dejarlo; no obstante, así lo hice. Una noche oscura lo dejé atado y nunca pensé que volvería a verlo. A la mañana siguiente, estaba tomando el desayuno a varias millas de distancia del circo cuando lo vi aparecer mojado y cubierto de barro, arrastrando un trozo de soga. Había mordido hasta romperlo el cordel que lo sujetaba y siguió mis pasos sin perder mi rastro en ningún momento. Ya no volveré a abandonarlo, ¿no es así, viejo camarada?
Sancho había escuchado esta parte del relato con gran interés, y cuando Ben se dirigió a él, se levantó, puso sus patas delanteras sobre los hombros del muchacho, lamió la cara de éste y emitió un suave aullido que podía traducirse tan claramente como si hubiera dicho con palabras:
-Quédate tranquilo, mi pequeño amo. Los padres pueden desaparecer y los amigos morir, pero yo nunca te abandonaré.
Ben apretó contra sí y por encima de la blanca cabeza lanuda sonrió a las niñas, quienes batieron palmas de alegría al observar aquel cuadro encantador, y se acercaron a acariciar al buen animal para asegurarle que le habían perdonado definitivamente el robo de la torta y la cesta. Movido por estas ternezas y por unas indicaciones que por lo bajo le dio su amo, Sancho se aprestó a realizar sus mejores pruebas con extraordinaria gracia y destreza.
Baby Betty bailaban por la habitación locas de entusiasmo, mientras la señora Moss declaraba que le daba miedo tener en su casa un animal tan maravilloso. Las alabanzas que dirigían a ´su perro complacieron a Ben más de lo que leí hubieran satisfecho las dirigidas a él, y cuando el entusiasmo se calmó un poco, el muchacho entretuvo a su auditorio con un colorido relato sobre la inteligencia de Sancho, su fidelidad y las numerosas aventuras en las que aquél había´ desempeñado su parte con gran nobleza.
Mientras el niño hablaba la señora Moss deliberaba acerca de lo que haría con él, y cuando Ben concluyó de enumerar las perfecciones del perro, dijo ella gravemente:
-¿Te quedarías aquí si yo te encontrara alguna ocupación?
-¡Sí, señora! ¡Me agradaría mucho quedarme!.


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