Bajo las Lilas (Louisa May Alcott) - pág.14
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-Oí a las niñas hablar de una enredadera que cubría una ventanita del cobertizo, y cuando ellas se alejaron la busqué y entré. El vidrio está roto de modo que lo único que hice fue descorrer el pestillo. Le aseguro que no he hecho nada malo durante las dos noches que he dormido aquí. Estaba tan fatigado que no logre continuar mi camino a pesar de haberlo intentado el domingo.
-¿Volviste aquí?
-Sí, señora. Se estaba muy mal bajo la lluvia mientras que este lugar era casi tan acogedor como una casa. Además,. oí conversar a las niñas y Sancho me conseguía algo de comer. Estaba muy cómodo...
-¡Por Dios!... -articuló la señora al mismo tiempo que levantaba una punta del delantal para secarse los ojos, porque la idea de que aquel pobre niño desamparado había pasado dos noches con el pasto por lecho y sin más alimento que los restos de comida que le conseguía el perro le destrozaba el corazón.
-¿Sabes qué voy a hacer contigo? -manifestó luego procurando permanecer serena e impasible mientras un lagrimón corría por su redonda mejilla y una sonrisa de bondad se dibujaba en la comisura de sus labios.
-No, señora; pero eso no me preocupa. Sólo le pido que no sea severa con Sancho. Es muy bueno conmigo y los dos nos queremos mucho, ¿no es así, viejo amigo? -dijo el muchacho, echando un brazo alrededor del cuello del perro, ansioso por la suerte que pudiera correr el pobre animal más que por la suya propia.
-Te llevare a casa; te lavarás, vestirás y acostarás en una buena cama, y mañana..., bueno, ya veremos que ocurre mañana.
-Usted es muy buena señora, y yo sería inmensamente feliz si pudiera trabajar para usted. ¿No tiene un caballo para que lo cuide? -preguntó ansiosamente el muchacho.
-No, sólo tengo gallinas y un gato.
Bab y Betty echaron a reír al oír a su madre y Ben esbozó una sonrisa. Sin duda se habría unido a la alegría de las niñas si sus fuerzas se lo hubieran permitido, pero le temblaron las piernas y experimentó un ligero mareo. Atinó a sostenerse tomándose de Sancho y parpadeó como lo hacen los búhos frente a la luz.
-Vamos, vamos a casa. Corran niñas adelante, pongan el resto del caldo a calentar y llenen la pava de agua.
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