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Bajo las Lilas (Louisa May Alcott) - pág.11

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--¡Llámalo y hazlo bailar!... -pidieron las pequeñas trinando a coro. Parecía que una bandada de gorriones había tomado posesión del cobertizo
--Lo llamare. Él me conoce -y Bab se incorporó olvidando que dos días antes había perseguido v maldecido al animal.
Pero, evidentemente, éste no lo había olvidado, porque, aunque se detuvo y las miro ansiosamente, no se acerco y permaneció parado bajo la lluvia, manchado de barro, moviendo con lentitud el pompón de la cola y dirigiendo la punta de su rosada nariz hacia donde estaban, ya vacías, las canastas de la merienda.
-Tiene hambre; dale algo de comer así se convencerá de que no queremos hacerle daño -sugirió Sally ofreciéndole ella misma su último trozo de pan con manteca.
Bab tomo su cesta vacía y recogió todas las sobras y restos de comida; luego trató de convencer a la pobre bestia para que entrara a comer y a buscar un poco de consuelo. Pero el perro solo se acerco hasta la puerta y sentándose sobre sus patas traseras suplicó con ojos tan conmovedores que Bab dejo en el suelo el canastito y retrocediendo unos pasos dijo:
-¡Está muerto de hambre!... Dejemos que coma tranquilo todo lo que quiera.
Las niñas se retiraron haciendo comentarios llenos de compasión e interés. Pero hay que advertir que la caridad de las niñas no fue recompensada como ellas esperaban, pues no bien el perro vio el campo libre, se abalanzo hacia la cesta, v tomándola entre los dientes, desapareció calle abajo a toda velocidad. Las niñas lanzaron grandes gritos, especialmente Bab y Betty, quienes habían sido violentamente despojadas de su cesta nueva. Pero nadie pudo perseguir al ladrón, porque sonó la campana y las niñas tuvieron que regresar a clase; mas lo hicieron en tal estado de excitación, que los varones se acercaron en tumulto a averiguar la causa de tamaño alboroto.
A la hora de salida el sol brillaba en el cielo y Bay y Betty corrieron a casa para contarle a la madre lo que ocurriera seguras de que ella las consolaría. como lo hizo efectivamente.
-No se preocupen, queridas; yo les comprare una cesta nueva si el perro no se las devuelve como la vez anterior. Ya que está muy húmedo para jugar afuera, iremos a visitar la vieja cochera como les prometí. No se quiten los zapatos de goma y vamos.


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