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Bajo las Lilas (Louisa May Alcott) - pág.6

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Rígidas, boca abajo, yacían las catorce muñecas, y la torta, la tan apetecida torta había desaparecido...
Durante un instante las dos pequeñas permanecieron inmóviles contemplando la terrible escena. Mas Bab, reaccionando de su estupor, arrojó lejos de sí el jarro de agua y haciendo un gesto amenazador con el puño gritó con furia:
-¡Ha sido Sally!... Juró que se vengaría de mí por castigarla cuando ella molestaba a la pobre Mary Ann y ha, cumplido su juramento. Pero, ¡ya me las pagará! ... Corre tú por ese lado. Yo la buscaré por este otro. ¡Rápido! ¡Rápido!
Y salieron corriendo: Bab hacia adelante y la asombrada Betty dobló obedientemente en dirección opuesta y se alejó tan ligero como se lo permitieron sus piernas, mojándose con el agua del jarro que aún conservaba en la mano. Dieron vuelta alrededor de la casa y se encontraron en la puerta del fondo, sin haber dado con los rastros del ladrón.
-¡En la calle! -gritó Bab.
-¡Bajo la fuente! -jadeó Betty, y corrieron ambas, una para trepar sobre unas piedras y mirar por encima del muro hacia la calle, en tanto que la otra se precipitaba hacia el sitio que acababan de abandonar. Pero Bab no descubrió nada más que las cari- tas inocentes de las caléndulas y Betty sólo logró asustar con su brusca aparición a un pajarillo que tomaba su baño en la fuente.
Regresaron ambas adonde las aguardaba un nueva sorpresa que las hizo sobresaltar y proferir un gritó de temor mientras escapaban a refugiarse en el "porch".
Un extraño perro estaba tranquilamente sentado entre los despojos del festín saboreando los últimos bollos que quedaban.
-¡Qué animal malvado!... -chilló Bab con deseos de pelear, pero atemorizada por el aspecto del animal.
-Se parece a nuestro perro de lanas, ¿verdad? -susurró Betty haciéndose lo más pequeña posible tras de su valiente hermana.
Y así era en efecto, porque aunque más grande y sucio que el perrito de juguete, ese perro vivo tenía igual que aquél una borla en la punta de la cola, largos pelos en las patas y el cuerpo la mitad pelado y la mitad peludo. Pero sus ojos no eran negros y brillantes como los del otro sino amarillos-, su nariz roja husmeaba descaradamente como si se tratara de descubrir dónde había más torta. Y por cierto que el lanudo perrito de juguete que desean saba sobre la repisa de la sala jamás había hecho las pruebas con las cuales el extraño animal se disponía a aumentar el asombro de las dos niñas.


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