Bajo las Lilas (Louisa May Alcott) - pág.5
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.. ¡A veces me dan ganas de echar abajo esa vieja puerta! ... -Y Bah giró en redondo dando un golpe con sus botas-. No te rías, que tú lo deseas tanto como yo -agregó, retrocediendo algo avergonzada de su impaciencia.
-No me río.
-¿Ah, no? ¿Supones que no me doy cuenta cuando la gente se ríe?
-Pues te aseguro que te equivocas.
-Tú te ríes. . . ¿Cómo te atreves a mentir así?
-Si repites eso alzaré a Belinda y me iré derechito a casa. ¿Qué harás tú entonces.?
-Me comeré el pastel.
-¡No lo harás! Mamá dijo que era mío; tú eres tan sólo una invitada, de modo que,
o te comportas como se debe o aquí concluye la fiesta. Esta terrible amenaza calmó al instante el enojo de Bab, quien se apresuró a cambiar de tema. -Bueno, no discutamos delante de los niños. ¿Sabes que mamá ha dicho que la,
próxima vez que llueva nos permitirá jugar en la cochera y guardar luego la llave? -¡Qué bien!... Eso lo dice porque le confesamos que habíamos descubierto la ventana bajo la viña y no obstante poder hacerlo no entramos en la cochera -exclamó Betty sin rastros de rencor hacia su hermana, ya que al cabo de diez años de vivir con ella estaba acostumbrada a su carácter arrebatado.
-Me imagino que el coche estará todo sucio y lleno de ratas y telarañas; pero no me importa. Tú y las muñecas serán los pasajeros, y yo, sentada al pescante, conduciré.
-Siempre .eres tú el conductor... Yo quisiera serlo alguna vez, en lugar de hacer siempre el papel de caballo y llevar en la boca un trozo de madera mientras tú me tiras de los brazos -chilló la pobre Betty, quien estaba cansada de hacer de cabalgadura.
-Creo que lo mejor será que vayamos a buscar el agua -sugirió Bab, quien consideró conveniente hacer como que no oía las quejas de su hermana.
-No debe haber muchas personas que se atrevan a dejar solos a sus hijos frente a un pastel tan tentador con la certeza de que ellos ni lo tocarán siquiera -dijo Betty orgullosamente mientras se alejaban hacia la fuente llevando sendos recipientes en la mano.
¡Ay!..., ¡cuán pronto se desvanecería la confianza de estas buenas madrecitas!... No habían pasado cinco minutos cuando, de regreso ya, sorprendieron una escena que las dejó atónitas al mismo tiempo que se estremecían de temor.
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