Fantasmagoría (Lewis Carroll) - pág.15
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incluso aunque practicases noche y día,
a no ser que tengas dones para ello
e ingenio natural.
Shakespeare, creo, fue el que habló
de fantasmas, en los tiempos antiguos,
los cuales ´farfullaban en las calles de Roma´,
vestidos, si lo recuerdas, con sábanas...
Debían pasar frío.
Yo a menudo he gastado diez libras en tejido
para vestirme como un doble.
Pero, aunque eso da importancia,
nunca ha causado tanto efecto
como para que merezca la pena el esfuerzo.
Largas facturas pronto apagaron el ansia
que yo tenía por ser gracioso.
Instalarse es siempre lo peor.
El montón de cosas que uno quiere al principio,
¡debe hacerse con dinero!
Por ejemplo, una torre encantada,
con calaveras, huesos y sábanas,
luces azules para quemar (digamos) dos cada hora,
lentes para condensar de fuerza superior
y un juego de cadenas completo.
Todo esto junto con las cosas que uno debe alquilar...,
el ajuste de la toga...,
la comprobación de los fuegos de colores...
¡Hasta el mismo atuendo de cada uno agotaría
la paciencia del mismísimo Job!
Y encima el tan fastidioso
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