A través del espejo (Lewis Carroll) - pág.84
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¿Y cuándo, me pregunto, acabará Dina con su Blanca Majestad? Por eso será que estabas tan desgreñada en mi sueño... ¡Pero Dina! ¿Te das cuenta de que estás fregoteando nada menos que a una Reina Blanca? ¡Francamente, qué falta de respeto!
-¿Y en qué se habrá convertido Dina, me gustaría saber? -continuó parloteando Alicia mientras se acostaba sobre el suelo, poniéndose cómoda, con un codo apoyado sobre la alfombra y la barbilla descansando sobre una mano, para observar a los gatitos.
-Dime, Dina: ¿te transformaste en Humpty Dumpty? Pues yo creo que sí... Sin embargo, será mejor que no se lo digas a tus amigos por ahora porque aún no estoy segura.
-A propósito, gatito; si de verdad estuviste conmigo en mi sueño, hay algo con lo que desde luego lo habrías pasado muy bien..., toda esa cantidad de poemas que me recitaron y, ¡todos sobre peces! Mañana por la mañana te daré algo que te guste mucho: mientras te comes el desayuno te recitaré La morsa y el carpintero, ¡para que puedas imaginarte que te estás zampando unas ostras! Ahora, veamos, gatito: pensemos bien quién fue el que ha soñado todo esto. Te estoy preguntando algo muy serio, querido mío, así que no debieras de seguir ahí lamiéndote una patita de esa manera... ¡Como si Dina no te hubiera dado ya un buen lavado esta mañana! ¿Comprendes, gatito? Tuve que ser yo o tuvo que ser el Rey rojo, a la fuerza. ¡Pues claro que él fue parte de mi sueño!..., pero también es verdad que yo fui parte del suyo. ¿Fue de veras el Rey rojo, gatito? Tú eras su esposa, querido, de forma que tú debieras de saberlo... ¡Ay gatito! ¡Ayúdame a decidirlo! Estoy segura de que tu patita puede esperar a más tarde. Pero, el exasperante minino se hizo el sordo y empezó a lamerse la otra.
¿Quién creéis vosotros que fue?
Bajo un soleado cielo, una barca
se desliza calladamente
en el sueño de una tarde de verano...
Tres niñas se acurrucan muy cerca,
los ojos brillantes, el oído atento
quisieran oír un sencillo cuento...
Mucho ha ya de aquel soleado cielo,
se apagan sus ecos y su recuerdo...
El gélido otoño ha muerto aquel julio estival.
Mas su espíritu..., aún inquieta mi ánimo:
Alicia deambulando bajo cielos
que nunca ojos mortales vieron.
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