A través del espejo (Lewis Carroll) - pág.82
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En cuanto a las botellas, cada una se hizo con un par de platos que se ajustaron apresuradamente al costado, a modo de alas, y de esta guisa, con unos tenedores haciéndoles las veces de patas, comenzaron a revolotear en todas direcciones. -¡Si hasta parecen pájaros! -logró pensar Alicia a pesar de la increíble confusión que empezaba a invadirlo todo.
En este momento, Alicia oyó que alguien soltaba una carcajada aguardentosa a su lado y se volvió para ver qué le podía estar sucediendo a la Reina blanca; pero en vez de la Reina lo que estaba sentado a su lado era la pierna de cordero. -¡Aquí estoy! -gritó una voz desde la marmita de la sopa y Alicia se volvió justo a tiempo para ver la cara ancha y bonachona de la Reina blanca sonriéndole por un momento antes de desaparecer del todo dentro de la sopa.
No había ni un momento que perder. Ya varios de los comensales se habían acomodado en platos y fuentes, y el cucharón de la sopa avanzaba amenazadoramente por encima de la mesa, hacia donde estaba Alicia, haciéndole gestos impacientes para que se apartara de su camino.
-¡Esto no hay quien lo aguante! -gritó Alicia poniéndose en pie de un salto y agarrando el mantel con ambas manos: un buen tirón y platos, fuentes, velas y comensales se derrumbaron por el suelo, cayendo con estrépito y todos juntos en montón.
-¡Y en cuanto a ti! -continuó volviéndose furiosa hacia la Reina roja, a la que consideraba culpable de todo este enredo...
Pero la Reina ya no estaba a su lado..., había menguado súbitamente hasta
convertirse en una pequeña muñeca que estaba ahora sobre la mesa, correteando
alegremente y dando vueltas y más vueltas en pos de su propio mantón que
volaba a sus espaldas.
En cualquier otro momento, Alicia se habría sorprendido al ver este cambio,
pero estaba demasiado excitada para que nada le sorprendiese ahora.
-¡En cuanto a ti! -repitió agarrando a la figurilla justo cuando ésta estaba
saltando por encima de una botella que había aterrizado sobre la mesa-. ¡Te voy
a sacudir hasta que te conviertas en un gatito! ¡Vaya que si lo voy a hacer!
SACUDIENDO
Mientras hablaba, Alicia la retiró de la mesa y empezó a sacudirla hacia atrás y hacia adelante con todas sus fuerzas.
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