A través del espejo (Lewis Carroll) - pág.79
Indice General
|
Volver
Página 79 de 85
¡Así no acabarán nunca! Será mejor que entre ahora mismo de una vez -y en efecto entró; mas en el momento en que apareció se produjo un silencio mortal.
Alicia miró nerviosamente a uno y otro lado de la mesa mientras avanzaba andando por la gran sala; pudo ver que había como unos cincuenta comensales, de todas clases: algunos eran animales, otros pájaros y hasta se podían ver algunas flores. -Me alegro de que hayan venido sin esperar a que los hubiera invitado -pensó- pues desde luego yo no habría sabido nunca a qué personas había que invitar.
Tres sillas formaban la cabecera de la mesa: la Reina roja y la Reina blanca habían ocupado ya dos de ellas, pero la del centro permanecía vacía. En esa se fue a sentar Alicia, un poco azarada por el silencio y deseando que alguien rompiese a hablar.
Por fin empezó la Reina roja: -Te has perdido la sopa y el pescado -dijo-. ¡Qué traigan el asado! -Y los camareros pusieron una pierna de cordero delante de Alicia, que se la quedó mirando un tanto asustada porque nunca se había visto en la necesidad de trinchar un asado en su vida.
-Pareces un tanto cohibida: permíteme que te presente a la pierna de cordero -le dijo la Reina roja-: Alicia..., Cordero; Cordero..., Alicia. -La pierna de cordero se levantó en su fuente y se inclinó ligeramente ante Alicia; y Alicia le devolvió la reverencia no sabiendo si debía de sentirse asustada o divertida por todo esto.
-¿Me permiten que les ofrezca una tajada? -dijo tomando el cuchillo y el tenedor y mirando a una y a otra reina.
-¡De ningún modo! -replicó la Reina roja muy firmemente-: Sería una falta de etiqueta trinchar a alguien que nos acaba de ser presentado. ¡Qué se lleven el asado! -Y los camareros se lo llevaron diligentemente, poniendo en su lugar un gran budín de ciruelas.
-Por favor, que no me presenten al budín -se apresuró a indicar Alicia- o nos quedaremos sin cenar. ¿Querrían que les sirviese un poquito?
Pero la Reina roja frunció el entrecejo y se limitó a gruñir severamente: -Budín..., Alicia; Alicia..., Budín. ¡Que se lleven el budín! -Y los camareros se lo llevaron con tanta rapidez que Alicia no tuvo tiempo ni de devolverle la reverencia.
De todas formas, no veía por qué tenía que ser siempre la Reina roja la única en dar órdenes; así que, a modo de experimento, dijo en voz bien alta: -¡Camarero! ¡Que traigan de nuevo ese budín! -y ahí reapareció al momento, como por arte de magia.
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
51
52
53
54
55
56
57
58
59
60
61
62
63
64
65
66
67
68
69
70
71
72
73
74
75
76
77
78
79
80
81
82
83
84
85
>>>
Páginas
1-50
51-85
|