A través del espejo (Lewis Carroll) - pág.70
Indice General
|
Volver
Página 70 de 85
de contarme el método de su fortuna,
pero mayormente, por su noble deseo
de beber a la salud de mi ilustre persona.
Y así, cuando ahora por casualidad
se me pegan los dedos en la cola;
o me empeño en calzarme salvajemente
el pie derecho en el zapato izquierdo
o cuando sobre los deditos del pie
me cae algún objeto bien pesado,
lloro porque me acuerdo tanto,
de aquel anciano que otrora conociera...
De mirada bondadosa y pausado hablar...
Los cabellos más canos que la nieve...
La cara muy como la de un cuervo,
los ojos encendidos como carbones.
Aquel que parecía anonadado por su desgracia
y mecía su cuerpo consolándose...
Susurrando murmullos y bisbiseos,
como si tuviera la boca llena de pastas,
y que resoplaba como un búfalo...,
aquella tarde apacible de antaño...,
asoleándose sentado sobre una cerca.
Al llegar a las últimas palabras de la balada, el caballero recogió las riendas y volvió la cabeza de su corcel por el camino por donde habían venido. -Sólo te quedan unos metros más -dijo- bajando por la colina y cruzando el arroyuelo aquél: entonces serás una reina..., pero antes te quedarás un poco aquí para decirme adiós, ¿no? -añadió al ver que Alicia volvía la cabeza muy ansiosa en la dirección que le indicaba-. No tardaré mucho. ¡Podrías esperar aquí y agitar el pañuelo cuando llegue a aquella curva! Es que, ¿comprendes?, eso me animaría un poco.
-Pues claro que esperaré -le aseguró Alicia-y muchas gracias por venir conmigo hasta aquí, tan lejos..., y por la canción..., me gustó mucho...
-Espero que sí -dijo el caballero con algunas dudas-: no lloraste tanto como había supuesto.
Y diciendo esto se dieron la mano y el caballero se alejó pausadamente por el bosque. -No tardaré mucho en verlo despedido, supongo -se dijo Alicia mientras le seguía con la vista-. ¡Ahí va! ¡De cabeza, como de costumbre! Pero parece que vuelve a montar con bastante facilidad..., eso gana con colgar tantas cosas de la silla... -y así continuó hablando consigo misma mientras contemplaba cómo iba cayendo ya de un lado ya del otro a medida que el caballo seguía cómodamente al paso. Después de la cuarta o quinta caída llegó a la curva y entonces Alicia agitó el pañuelo en el aire y esperó hasta que se perdiera de vista.
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
51
52
53
54
55
56
57
58
59
60
61
62
63
64
65
66
67
68
69
70
71
72
73
74
75
76
77
78
79
80
81
82
83
84
85
>>>
Páginas
1-50
51-85
|