A través del espejo (Lewis Carroll) - pág.59
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Y sentaos vosotros dos también (al Rey y al unicornio), ¡a ver si no hacemos trampas con el pastel!
El Rey se sentía evidentemente muy incómodo de tener que sentarse entre las dos grandes bestias; pero no podía sentarse en ningún otro lugar.
-¡Qué pelea podríamos tener ahora por la corona!, ¿eh? -comentó el unicornio mirando de soslayo a la corona, que comenzaba a sacudirse violentamente sobre la cabeza del Rey, de tanto que estaba temblando.
-Ganaría fácilmente -declaró el león.
-¡No estés tan seguro! -replicó el unicornio.
-¡Cómo! ¡Pero si te he corrido por todo el pueblo! ¡So gallina! -replicó el león furiosamente, casi poniéndose en pie mientras lo increpaba así.
Al llegar a este punto, el Rey los interrumpió para impedir que reanudaran la pelea; estaba muy nervioso y desde luego le temblaba la voz. -¿Por todo el pueblo? -preguntó- pues no es poca distancia. ¿Fuisteis por el puente viejo o por el mercado? Por el puente viejo es por donde queda la mejor vista.
-Yo sí que no sabría decir por donde fuimos -gruñó el león, echándose otra vez por el suelo-. Hacía demasiado polvo para ver nada. ¡Cuánto tarda el monstruo cortando ese pastel!
Alicia se había sentado al borde de un pequeño arroyo con la gran fuente sobre las rodillas y trabajaba diligentemente con el cuchillo. -¡Pero qué fastidio! -dijo, dirigiéndose al león (se estaba acostumbrando bastante a que la llamaran «monstruo»)-. Ya he cortado varios trozos, pero ¡todos se vuelven a unir otra vez!
-Es que no sabes cómo hacerlo con pasteles del espejo -observó el unicornio-. Reparte los trozos primero y córtalos después.
Aunque esto le parecía una tontería, Alicia se puso de pie, obedientemente, y pasó la fuente a unos y otros; el pastel se dividió solo en tres partes mientras lo pasaba.
-Ahora, córtalo en trozos -indicó el león cuando hubo vuelto a su sitio con la fuente vacía.
-¡Esto sí que no vale! -exclamó el unicornio mientras Alicia se sentaba con el cuchillo en una mano, muy desconcertada sin saber cómo empezar-. ¡El monstruo le ha dado al león el doble que a mí!
-Pero en cambio se ha quedado ella sin nada -señaló el león-. ¿No te gusta el pastel de frutas, monstruo?
Pero antes de que Alicia pudiera contestar comenzaron los tambores a redoblar.
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