A través del espejo (Lewis Carroll) - pág.34
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.. -La verdad es que cuando terminen se van a parecer más a dos montones de ropa vieja que a cualquier otra cosa- se dijo Alicia, mientras se afanaba por enrollar un cojín alrededor del cuello de Tweedledee, -para que no puedan cortarme la cabeza -según dijo aquél.
-Ya sabes -añadió con mucha gravedad- que es una de las cosas más malas que le pueden ocurrir a uno en un combate... que le corten a uno la cabeza.
Alicia rió con gusto, pero se las arregló para disimular las carcajadas con una tosecita por miedo a herir sus sentimientos.
-¿Estoy algo pálido? -preguntó Tweedledum, acercándose para que le ciñera el yelmo (yelmo, lo llamaba él, aunque pareciera más bien una cacerola...)
-Bueno... si... un poco -le aseguró Alicia con amabilidad.
-La verdad es que generalmente soy una persona de mucho valor -continuó Tweedledum en voz baja-: lo que ocurre es que hoy tengo un dolor de cabeza...
-Y yo, ¡un dolor de muelas! -dijo Tweedledee que había oído el comentario-. Me encuentro mucho peor que tú.
-En ese caso, sería mucho mejor que no os pelearais hoy -les dijo Alicia, pensando que se le presentaba una buena oportunidad para reconciliarlos.
-No tenemos más remedio que batirnos hoy; pero no me importaría que no fuese por mucho tiempo -dijo Tweedledum-. ¿Qué hora es?
Tweedledee consultó su reloj y respondió: -Son las cuatro y media.
-Pues entonces, combatamos hasta las seis y luego, ¡a cenar! -propuso Tweedledum.
-Muy bien -convino el otro, aunque algo taciturno- y ella, que presencie el duelo... sólo que no se acerque demasiado a mí -añadió- porque cuando a mí se me sube la sangre a la cabeza..., ¡vamos, que le doy a todo lo que veo!
-¡Y yo le doy a todo lo que se pone a mi alcance, lo vea o no lo vea! -gritó Tweedledee.
-Pues si es así -rió Alicia- apuesto que habréis estado dándole a todos estos árboles con mucha frecuencia.
Tweedledum miró alrededor con gran satisfacción. -Supongo -se jactó- que cuando hayamos terminado, ¡no quedará ni un sólo árbol sano a la redonda!
-¡Y todo por un sonajero! -exclamó Alicia que aún tenía esperanzas de que se avergonzaran un poco de pelearse por tan poca cosa.
-No me habría importado tanto -se excusó Tweedledee- si no hubiera sido uno nuevo.
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