A través del espejo (Lewis Carroll) - pág.29
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-¡Muy agradecido!- añadió Tweedledee. -Te gusta la poesía?
-Pues... si, bastante... algunos poemas -dijo Alicia sin mucha convicción.-¿Querríais decirme qué camino he de tomar para salir del bosque?
-¿Qué te parece que le recite?- preguntó Tweedledee volviéndose hacia Tweedledum con una cara muy seria y sin hacer el menor caso a la pregunta de Alicia.
-«La morsa y el carpintero», que es lo más largo que te sabes- replicó Tweedledum, dando a su hermano un tierno abrazo.
Tweedledee comenzó en el acto:
¡Brillaba el sol...!
Pero Alicia se atrevió a interrumpirle: -Si va a ser muy largo- dijo tan cortésmente como pudo -¿no querríais decirme primero por qué camino...?
Tweedledee sonrió amablemente y empezó de nuevo:
¡Brillaba el sol sobre la mar!
Con el fulgor implacable de sus rayos
se esforzaba, denodado, por aplanar
y alisar las henchidas ondas;
y sin embargo, aquello era bien extraño
pues era ya más de media noche.
La luna reinaba con desgana
pues pensaba que el sol
no tenía por qué estar ahí
después de acabar el día...
¡Qué grosero! -decía con un mohín,
-¡venir ahora a fastidiarlo todo!
La mar no podía estar más mojada
ni más secas las arenas de la playa;
no se veía ni una nube en el firmamento
porque, de hecho, no había ninguna;
tampoco surcaba el cielo un solo pájaro
pues, en efecto, no quedaba ninguno.
La morsa y el carpintero
se paseaban cogidos de la mano:
lloraban, inconsolables, de la pena
de ver tanta y tanta arena.
¡Si sólo la aclararan un poco,
qué maravillosa sería la playa!
-Si siete fregonas con siete escobas
la barrieran durante medio año,
¿te parece -indagó la morsa atenta-
que lo dejarían todo bien lustrado?
-Lo dudo- confesó el carpintero
y lloró una amarga lágrima.
¡Oh ostras! ¡Venid a pasear con nosotros!
requirió tan amable, la morsa.
-Un agradable paseo, una pausada charla
por esta playa salitrosa:
mas no vengáis más de cuatro
que más de la mano no podríamos.
Una venerable ostra le echó una mirada
pero no dijo ni una palabra.
Aquella ostra principal le guiñó un ojo
y sacudió su pesada cabeza...
Es gue quería decir que prefería
no dejar tan pronto su ostracismo
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