Alicia en el país de las maravillas (Lewis Carroll) - pág.52
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-¿Y lavado? -preguntó la Falsa Tortuga.
-¡Claro que no! -protestó Alicia indignada.
-¡Ah! En tal caso no vas en realidad a una buena escuela -dijo la Falsa Tortuga en tono de alivio-. En nuestra escuela había clases especiales de francés, música y lavado.
-No han debido servirle de gran cosa -observó Alicia-, viviendo en el fondo del mar.
-Yo no tuve ocasión de aprender -dijo la Falsa Tortuga con un suspiro-.
Sólo asistí a las clases normales.
-¿Y cuales eran esos? -preguntó Alicia interesada.
-Nos enseñaban a beber y a escupir, naturalmente. Y luego, las diversas materias de la aritmética: a saber, fumar, reptar, feificar y sobre todo la dimisión.
-Jamás oí hablar de feificar -respondió Alicia.
El Grifo se alzó sobre dos patas, muy asombrado:
-¡Cómo! ¿Nunca aprendiste a feificar? Por lo menos sabrás lo que significa "embellecer".
-Pues... eso sí, quiere decir hacer algo más bello de lo que es.
-Pues -respondió el Grifo triunfalmente-, si no sabes ahora lo que quiere decir feificar es que estás completamente tonta.
Con lo cual cerró la boca a Alicia, la que ya no se atrevió a seguir preguntando lo que significaban las cosas. Dijo a la Falsa Tortuga:
-¿Qué otras cosas aprendías allí?
-Pues aprendía Histeria, histeria antigua y moderna. También Mareografía, y dibujo. El profesor era un congrio que venía a darnos clase una vez por semana y que nos enseñó eso, más otras cosas, como la tintura al boleo.
-¿Y eso qué es? -preguntó Alicia.
-No puedo hacerte una demostración, ya que ahora estoy muy baja de forma -respondió la Falsa Tortuga. Y el Grifo, como él mismo podrá decirte, nunca aprendió a tintar al boleo.
-Nunca tuve tiempo suficiente -se excusó el Grifo. -Pero sí que iba a las clases de Letras. Y teníamos un maestro que era un gran maestro, un viejo cangrejo. -Nunca fui a sus clases -dijo la Falsa Tortuga lloriqueando-, dicen que enseñaba patín y riego.
-Sí, sí que lo hacía -respondió el Grifo. Y las dos se taparon la cabeza con las patas, muy soliviantadas.
-¿Cuantas horas al día duraban esas lecciones? -preguntó Alicia interesada, aunque no lograba entender mucho qué eran aquellas asignaturas tan raras, o si es que no sabían pronunciar. Tintura al bóleo debería ser pintura al óleo, y patín y riego serían latín y griego, pero lo que es las otras, se le escapaban.
-Teníamos diez horas al día el primer día.
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