Alicia en el país de las maravillas (Lewis Carroll) - pág.51
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-Aquí esta señorita -explicó el Grifo- quiere conocer tu historia.
-Voy a contársela -dijo la Falsa Tortuga en voz grave y quejumbrosa-.
Sentaos los dos, y no digáis ni una sola palabra hasta que yo haya terminado.
Se sentaron pues, y durante unos minutos nadie habló. Alicia se dijo para sus adentros: «No entiendo cómo va a poder terminar su historia, si no se decide a empezarla». Pero esperó pacientemente.
-Hubo un tiempo -dijo por fin la Falsa Tortuga, con un profundo suspiro- en que yo era una tortuga de verdad.
Estas palabras fueron seguidas por un silencio muy largo, roto sólo por uno que otro graznido del Grifo y por los constantes sollozos de la Falsa Tortuga.
Alicia estaba a punto de levantarse y de decir: «Muchas gracias, señora, por su interesante historia», pero no podía dejar de pensar que tenía forzosamente que seguir algo más, conque siguió sentada y no dijo nada.
-Cuando éramos pequeñas -siguió por fin la Falsa Tortuga, un poco más tranquila, pero sin poder todavía contener algún sollozo-, íbamos a la escuela del mar. El maestro era una vieja tortuga a la que llamábamos Galápago.
-¿Por qué lo llamaban Galápago, si no era un galápago? -preguntó Alicia.
-Lo llamábamos Galápago porque siempre estaba diciendo que tenía a «gala» enseñar en una escuela de «pago» -explicó la Falsa Tortuga de mal humor-.
¡Realmente eres una niña bastante tonta!
-Tendrías que avergonzarte de ti misma por preguntar cosas tan evidentes -añadió el Grifo.
Y el Grifo y la Falsa Tortuga permanecieron sentados en silencio, mirando a la pobre Alicia, que hubiera querido que se la tragara la tierra. Por fin el Grifo le dijo a la Falsa Tortuga:
-Sigue con tu historia, querida. ¡No vamos a pasarnos el día en esto!
Y la Falsa Tortuga siguió con estas palabras:
-Sí, íbamos a la escuela del mar, aunque tú no lo creas...
-¡Yo nunca dije que no lo creyera! -la interrumpió Alicia.
-Sí lo hiciste -dijo la Falsa Tortuga. -¡Cállate esa boca! -añadió el Grifo, antes de que Alicia pudiera volver a hablar.
La Falsa Tortuga siguió:
-Recibíamos una educación perfecta... En realidad, íbamos a la escuela todos los días...
-También yo voy a la escuela todos los días -dijo Alicia-. No hay motivo para presumir tanto.
-¿Una escuela con clases especiales? -preguntó la Falsa Tortuga con cierta ansiedad.
-Sí -contestó Alicia. Tenemos clases especiales de francés y de música.
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