Alicia en el país de las maravillas (Lewis Carroll) - pág.31
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La Duquesa no dio señales de enterarse, ni siquiera cuando los proyectiles la alcanzaban, y el bebé berreaba ya con tanta fuerza que era imposible saber si los golpes le dolían o no.
-¡Oh, por favor, tenga usted cuidado con lo que hace! -gritó Alicia, mientras saltaba asustadísima para esquivar los proyectiles-. ¡Le va a arrancar su preciosa nariz! -añadió, al ver que un caldero extraordinariamente grande volaba muy cerca de la cara de la Duquesa.
-Si cada uno se ocupara de sus propios asuntos -dijo la Duquesa en un gruñido-, el mundo giraría mucho mejor y con menos pérdida de tiempo.
-Lo cual no supondría ninguna ventaja -intervino Alicia, muy contenta de que se presentara una oportunidad de hacer gala de sus conocimientos-. Si la tierra girase más aprisa, ¡imagine usted el lío que se armaría con el día y la noche! Ya sabe que la tierra tarda veinticuatro horas en ejecutar un giro completo sobre su propio eje...
-Hablando de ejecutar -interrumpió la Duquesa-, ¡que le corten la cabeza!
Alicia miró a la cocinera con ansiedad, para ver si se disponía a hacer algo parecido, pero la cocinera estaba muy ocupada revolviendo la sopa y no parecía prestar oídos a la conversación, de modo que Alicia se animó a proseguir su lección:
-Veinticuatro horas, creo, ¿o son doce? Yo...
-Tú vas a dejar de fastidiarme -dijo la Duquesa-. ¡Nunca he soportado los cálculos!
Y empezó a mecer nuevamente al niño, mientras le cantaba una especie de nana, y al final de cada verso propinaba al pequeño una fuerte sacudida.
Grítale y zurra al niñito
si se pone a estornudar,
porque lo hace el bendito
sólo para fastidiar.
CORO
(Con participación de la cocinera y el bebé)
¡Gua! ¡Gua! ¡Gua!
Cuando comenzó la segunda estrofa, la Duquesa lanzó al niño al aire, recogiéndolo luego al caer, con tal violencia que la criatura gritaba a voz en cuello. Alicia apenas podía distinguir las palabras:
A mi hijo le grito,
y si estornuda, ¡menuda paliza!
Porque, ¿es que acaso no le gusta
la pimienta cuando le da la gana?
CORO
¡Gua! ¡Gua! ¡Gua!
-¡Ea! ¡Ahora puedes mecerlo un poco tú, si quieres! -dijo la Duquesa al concluir la canción, mientras le arrojaba el bebé por el aire-. Yo tengo que ir a arreglarme para jugar al croquet con la Reina.
Y la Duquesa salió apresuradamente de la habitación.
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