Alicia en el país de las maravillas (Lewis Carroll) - pág.24
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Alicia empezaba a sentirse molesta con la Oruga, por esas observaciones tan secas y cortantes, de modo que se puso tiesa como un rábano y le dijo con severidad:
-Me parece que es usted la que debería decirme primero quién es.
-¿Por qué? -inquirió la Oruga.
Era otra pregunta difícil, y como a Alicia no se le ocurrió ninguna respuesta convincente y como la Oruga parecía seguir en un estado de ánimo de lo más antipático, la niña dio media vuelta para marcharse.
-¡Ven aquí! -la llamó la Oruga a sus espaldas-. ¡Tengo algo importante que decirte!
Estas palabras sonaban prometedoras, y Alicia dio otra media vuelta y volvió atrás.
-¡Vigila este mal genio! -sentenció la Oruga.
-¿Es eso todo? -preguntó Alicia, tragándose la rabia lo mejor que pudo.
-No -dijo la Oruga.
Alicia decidió que sería mejor esperar, ya que no tenía otra cosa que hacer, y ver si la Oruga decía por fin algo que mereciera la pena. Durante unos minutos la Oruga siguió fumando sin decir palabra, pero después abrió los brazos, volvió a sacarse la pipa de la boca y dijo:
-Así que tú crees haber cambiado, ¿no?
-Mucho me temo que si, señora. No me acuerdo de cosas que antes sabía muy bien, y no pasan diez minutos sin que cambie de tamaño.
-¿No te acuerdas ¿de qué cosas?
-Bueno, intenté recitar los versos de "Ved cómo la industriosa abeja... pero todo me salió distinto, completamente distinto y seguí hablando de cocodrilos".
-Pues bien, haremos una cosa.
-¿Que?
-Recítame eso de "Ha envejecido, Padre Guillermo..." -Ordenó la Oruga.
Alicia cruzó los brazos y empezó a recitar el poema:
"Ha envejecido, Padre Guillermo," dijo el chico,
"Y su pelo está lleno de canas;
Sin embargo siempre hace el pino-
¿Con sus años aún tiene las ganas?
"Cuando joven," dijo Padre Guillermo a su hijo,
"No quería dañarme el coco;
Pero ya no me da ningún miedo,
Que de mis sesos me queda muy poco."
"Ha envejecido," dijo el muchacho,
"Como ya se ha dicho;
Sin embargo entró capotando-
¿Como aún puede andar como un bicho?
"Cuando joven," dijo el sabio,
meneando su pelo blanco,
"Me mantenía el cuerpo muy ágil
Con ayuda medicinal y, si puedo ser franco,
Debes probarlo para no acabar débil."
"Ha envejecido," dijo el chico,
"y tiene los dientes inútiles
para más que agua y vino;
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