Mujercitas (Louisa May Alcott) - pág.39
Indice General
|
Volver
Página 39 de 198
Estaba ella tan contenta y sorprendida, que abrazó el pescado y no se cansaba de dar las gracias al señor Laurence. " ¡Ande, ande, vaya a guisarlo! ", le dijo él, y ella se marchó más alegre que unas castañuelas. Qué buena acción fue, ¿verdad? ¡Qué gracioso era verla abrazando el pescado y diciéndole al señor Laurence que Dios le diera la gloria!
Cuando terminaron de reír de la historia de Beth, pidieron a la madre que contase otra, y, después de pensar un momento, dijo ella gravemente:
-Hoy, mientras cortaba chaquetas de franela en la sala, me sentía muy ansiosa por papá, y pensaba qué solas y desamparadas quedaríamos si le ocurriese algo malo. No hacía bien al preocuparme tanto, pero no podía evitarlo, hasta que vino un viejo a hacer un pedido. Se sentó a mi lado y me puse a hablar con él, porque parecía pobre, cansado y ansioso.
«¿Tiene usted hijos en la guerra?», le pregunté. "Sí, señora; tenía cuatro, pero dos han muerto, otro está prisionero y ahora voy para ver al otro, que está enfermo en un hospital de Washington", contestó sencillamente.
"Ha hecho usted mucho por su patria, señor", le dije, sintiendo hacía él respeto en lugar de compasión.
"Ni un pedacito más de lo que debía, señora. Iría yo mismo si pudiera servir de algo; como no puedo, doy mis hijos y los doy de buena voluntad." Hablaba con tan buen ánimo, parecía tan sincero y tan contento de dar toda su riqueza, que me sentí avergonzada. Yo había dado un hombre, y lo consideraba demasiado, mientras que él había dado cuatro sin escatimarlos; yo tenía todas mis hijas para consolarme en casa y su último hijo lo esperaba, separado por larga distancia, quizá para decirle «adiós» para siempre. Me sentí tan feliz y rica pensando en mi fortuna, que le hice un buen paquete, le di algún dinero y le agradecí la lección que me había dado.
-Cuéntanos otra historia, mamá; una historia con moraleja, como ésta. Me gusta pensar en ellas después, si son verdaderas y no muy pedagógicas
-dijo Jo, después de un corto silencio.
La señora March sonrió y comenzó enseguida, porque había contado historias a aquel auditorio durante muchos años y sabía cómo complacerlo.
-Había una vez cuatro chicas que tenían lo bastante para comer y vestirse, no pocas comodidades y placeres, buenos amigos, benévolos padres que las amaban tiernamente y todavía no estaban contentas.
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
13
14
15
16
17
18
19
20
21
22
23
24
25
26
27
28
29
30
31
32
33
34
35
36
37
38
39
40
41
42
43
44
45
46
47
48
49
50
>>>
Páginas
1-50
51-100
101-150
151-198
|