Mujercitas (Louisa May Alcott) - pág.31
Indice General
|
Volver
Página 31 de 198
-¡Nunca hubo familia tan malhumorada!-gritó Jo, perdiendo la paciencia, cuando ya había volcado el tintero, roto los cordones de sus botas y aplastado su sombrero, sentándose encima de él. -Y tú la más malhumorada de todas -respondió Amy, borrando la suma, equivocada, con las lágrimas que habían caído sobre su pizarra. -Beth, si no encierras a estos horribles gatos en la bodega, los haré ahogar -exclamó Meg, muy irritada, al tratar de deshacerse de los gatitos que se le habían subido a los hombros.
Jo se reía, Meg regañaba, Beth imploraba y Amy lloraba, porque no podía acordarse de cuánto era nueve por doce.
-¡Niñas, niñas! Cállense un minuto. Tengo que enviar esta carta por el primer correo y me confunden con tanto ruido -gritó la señora March.
Hubo un momento de silencio, interrumpido por Hanna, que entró precipitadamente, puso dos pastelillos calientes sobre la mesa y salió de nuevo. Estos pastelillos eran una institución; las chicas los llamaban "manguitos", y habían descubierto que los pastelillos calientes venían muy bien en las mañanas frías. Nunca se olvidaba Hanna de hacerlos, por ocupada o gruñona que estuviera, porque las pobrecitas tenían que andar mucho, no tomaban otra cosa para almorzar y rara vez volvían a casa antes de las tres.
-Que mimes a tus gatos y que se te quite el dolor de cabeza, Beth.
-Adiós, mamá; somos una cuadrilla de vagas esta mañana, pero volveremos hechas unos verdaderos ángeles. Vamos Meg -y Jo echó a andar con la idea de que los peregrinos no salían como era debido.
Siempre miraban hacia atrás antes de volver la esquina, porque su madre estaba siempre en la ventana para decirles adiós con la mano, sonriendo. Parecía como si no pudieran cumplir sus deberes diarios sin aquella despedida que les hacía el efecto de un rayo de sol.
-Si mamá nos amenazara con el puño en lugar de echarnos besos, nos estaría bien empleado, porque jamás se han visto vagas más ingratas que nosotras -gritó Jo, que tomaba como saludable penitencia el camino cubierto de lodo y el viento agudo.
-No uses palabras tan vulgares.
-Me gustan las palabras fuertes con algún sentido.
-Llámate lo que quieras; pero yo no me tengo por vaga ni permito que me lo digan.
-Tú eres una calamidad; estás de un humor de perros porque no puedes sentarte en medio del lujo todo el tiempo.
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
13
14
15
16
17
18
19
20
21
22
23
24
25
26
27
28
29
30
31
32
33
34
35
36
37
38
39
40
41
42
43
44
45
46
47
48
49
50
>>>
Páginas
1-50
51-100
101-150
151-198
|