Mujercitas (Louisa May Alcott) - pág.20
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Mi madre conoce al señor Laurence, pero dice que es muy orgulloso y no le gusta mezclarse con sus vecinos.
Tiene a su nieto encerrado en casa, cuando no está paseando a caballo o en compañía de su maestro, y lo hace estudiar mucho. Lo invitamos a nuestra fiesta, pero no vino. Mamá dice que es muy amable, aunque no nos habla nunca de las muchachas.
-Nuestro gato se escapó una vez y él lo devolvió, y yo hablé con él por encima de la valla. Nos entendíamos muy bien, hablando del criquet y de cosas por el estiló, pero vio venir a Meg y se marchó. Tengo la intención de hacer amistad algún día, porque necesita diversión, estoy segura -dijo Jo, decididamente. -Me gustan sus modales y parece un verdadero caballero; de modo que si se presenta ocasión oportuna, no me opongo a que entables amistad con él. El mismo trajo las flores, y lo hubiera invitado a entrar de haber estado segura de lo que estaba ocurriendo arriba. Parecía estar deseoso de quedarse al escuchar risas y juego, que él no tiene, seguramente, en su casa.
-Me alegro de que no lo hicieras, mamá -dijo Jo, riéndose y mirando sus botas -. Pero alguna vez tendremos una función a la cual él pueda venir. Quizá querrá interpretar un papel; ¡qué divertido sería!
-Nunca he tenido un ramillete; ¡qué bonito es! -dijo Meg, examinando sus flores con mucho interés.
-Son preciosas, pero para mí las rosas de Beth son más dulces -dijo la señora March, oliendo el ramillete, medio marchito, que llevaba en su cinturón.
Beth abrazó a su madre y murmuró:
-Me gustaría poder enviar a papá mi ramillete. Temo que él no pase una Navidad tan feliz como nosotras.
CAPITULO 3
EL BAILE DE AÑO NUEVO
_¡Jo! ¡Jo! ¿Dónde estás? -gritó Meg, al pie de la escalera que conducía a la boardilla.
-Aquí -respondió, desde arriba, una voz algo ronca.
Y corriendo arriba, Meg encontró a su hermana comiendo manzanas y llorando con la lectura de El heredero de los Redclyffe, envuelta en una toquilla y sentada en un viejo sofá de tres patas, al lado de la ventana soleada. Era el refugio preferido de Jo; aquí le gustaba retirarse con media docena de manzanas y un libro interesante, para gozar de la tranquilidad y de la compañía de un ratón querido, que vivía allí y no tenía miedo de ella.
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