Mujercitas (Louisa May Alcott) - pág.12
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-Me alegro de que el mío sea azul -dijo Amy, y entonces los dormitorios quedaron tranquilos mientras ellas volvían las páginas y el sol del invierno se deslizaba para acariciar y dar un saludo de Navidad a las cabezas rubias y a las caras pensativas.
-¿Dónde está mamá? -preguntó Meg, cuando, media hora después, bajó con Jo las escaleras para darle las gracias por sus regalos.
- ¡Quién sabe! Una pobre criatura vino pidiendo limosna, y la señora salió inmediatamente para ver lo que necesitaba. No he visto jamás una mujer como ella en eso de dar comida, bebida y carbón, respondió Hanna, que vivía con la familia desde que naciera Meg, y a quien todas trataban como a una amiga más que como a una criada.
-Supongo que mamá volverá pronto; así que preparen los pastelitos y cuiden que todo esté listo dijo Meg, mirando los regalos, que estaban en un cesto debajo del sofá, dispuestos para sacarlos en el momento oportuno -. Pero, ¿dónde está el frasco de Colonia de Amy?
-agregó, al ver que faltaba el frasquito. -Lo sacó hace un minuto y salió para adornarlo con un lazo o algo parecido -respondió Jo, que saltaba alrededor del cuarto para suavizar algo las zapatillas nuevas del ejército.
- ¡Qué bonitos son mis pañuelos! ¿No les parece? Hanna me los lavó y planchó, y yo misma los bordé -dijo Beth, mirando orgullosamente las letras desiguales que tanto trabajo le habían costado. - ¡Qué ocurrencia! ¿Pues no ha puesto "Mamá" en lugar de «M.-¿ March»? ¡Qué gracioso! -gritó Jo, levantando uno de los pañuelos.
-¿No está bien así? Pensaba que era mejor hacerlo de ese modo, porque las iniciales de Meg son "M.M., y no quiero que nadie los use sino mamá -dijo Beth, algo preocupada. -Está bien, querida mía, y es una idea muy buena; así nadie puede equivocarse ahora. Le gustará mucho a ella, lo sé -repuso Meg, frunciendo las cejas a Jo y sonriendo a Beth.
- ¡Aquí está mamá; escondan el cesto!-gritó Jo, al oír que la puerta se cerraba y sonaban pasos en el vestíbulo. Amy entró precipitadamente, y pareció algo avergonzada cuando vio a todas sus hermanas esperándola. -¿Dónde has estado y qué traes escondido? -preguntó Meg, muy sorprendida al ver, por su toca y capa, que Amy, la perezosa, había salido tan temprano. -No te rías de mí, Jo; no quería que nadie lo supiera hasta que llegase la hora.
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