Mujercitas (Louisa May Alcott) - pág.2
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-No hace la mitad de lo que yo hago -repuso Jo -. ¿Qué te parecería a ti estar encarcelada por horas enteras en compañía de una señora vieja, nerviosa y caprichosa, que te tiene corriendo de acá para allá, no está jamás contenta y te fastidia de tal modo que te entran ganas de saltar por la ventana o darle una bofetada?
-Es malo quejarse, pero a mí me parece que fregar platos y arreglar la casa es el trabajo más desagradable del mundo. Me irrita y me pone tan ásperas y tiesas las manos que no puedo tocar bien el piano -y Beth las miró con tal suspiro, que cualquiera pudo oír esta vez. -No creo que ninguna de ustedes sufra como yo -gritó Amy; porque no tienen que ir a la escuela con muchachas impertinentes, que las atormentan si no llevan la lección bien preparada, se ríen de nuestros vestidos, difaman a nuestro padre porque no es rico y nos insultan porque no tienen la nariz bonita.
-Si quieres decir difamar dilo así, aunque mejor sería no usar palabras altisonantes -dijo Jo, riéndose.
-Yo sé lo que quiero decir, y no hay que criticarme tanto. Es bueno usar palabras escogidas para mejorar el vocabulario -respondió solemnemente Amy.
-No disputen niñas: ¿no te gustaría que tuviésemos el dinero que perdió papá cuando éramos pequeñas, Jo? ¡Ay de mí! , ¡qué felices y buenas seríamos si no tuviésemos necesidades! -dijo Meg, que podía recordar un tiempo en que la familia había vivido con holgura.
-Has dicho el otro día que, en tu opinión, éramos más felices que los niños King, porque ellos no hacían más que reñir y quejarse continuamente a pesar de su dinero.
-Es verdad, Beth; bueno, creo que lo somos, porque, si tenemos que trabajar, nos divertimos al hacerlo, y formamos una cuadrilla muy alegre, según Jo.
-¡Jo habla en una jerga tan chocante! -observó Amy, echando una mirada crítica hacia la larga figura tendida sobre la alfombra.
Jo se levantó de un salto, metió las manos en los bolsillos del delantal y se puso a silbar.
-No hagas eso, Jo, es cosa de chicos.
-Por eso lo hago.
-Detesto a las muchachas rudas, de modales ordinarios.
-Y yo aborrezco a las muchachas afectadas y pedantes.
-"Pájaros en sus niditos se entienden" -cantó Beth la pacificadora, con una expresión tan cómica que las dos voces agudas se templaron en una risa, y la riña terminó de momento.
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