Los Muchachos de Jo (Louisa May Alcott) - pág.101
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Beaumont y Fletcher se multiplicaban acudiendo a todas partes, temerosos de que no se hundiera su reputación literaria, porque habían invitado a varios críticos amigos y reporteros, que habían acudido como mosquitos.
-¿Ha venido ella?...
Era la pregunta que se hacían a cada instante los que se encontraban detrás del telón, y cuando Tom, que iba a desempeñar el papel de anciano, estuvo atisbando por los agujeros del telón, expuesto a estropearse sus respetables piernas, les dio la noticia de que había visto la bonita cabeza de la señorita Cameron en el sitio de honor, la compañía entera tembló de miedo, y Josie declaró que presentía que aquella noche se iba a cortar en medio de alguna escena por primera vez en su vida.
-Si lo haces, te sacudo de firme -contestó tía Jo bruscamente, porque andaba muy agitada y temía que le desacreditasen su obra.
-Serenidad, mujer, serenidad. Somos artistas veteranos y no nos debemos inmutar por nada -contestó John, haciendo una inclinación de cabeza en señal de aprobación al ver a Alice vestida con todos sus trebejos en la mano.
Comenzaría la función con un bonito sainete que habían representado ya muchas veces y que hacían admirablemente bien. Alice era una muchacha alta y elegante, de cabellos y ojos negros, que indicaban mucha inteligencia, y una cara graciosísima, de buenos colores, señal de salud robusta y sana. Estaba hermosísima con su vestido recargado de blondas y su sombrero de largas plumas, porque representaba el papel de marquesita; y John, en traje de corte, con espadín, sombrero de tres picos y peluca blanca, también estaba muy bien en su papel de barón. Josie representaría el papel de doncella, y con las manos metidas en los bolsillos del delantal y aquella mirada inquisitiva suya, parecía realmente una "soubrette" francesa. Estos tres eran los únicos personajes, y de su habilidad y acierto dependía el éxito de la obra.
Todo se preparaba bien, y el barón andaba muy orgulloso de ver a la marquesita tan elegante y risueña con él, cuando de pronto se oyó un crujido de maderas y al momento se vio un bastidor que se venía encima de Alice. Corrió John a parar el golpe, consiguiendo salvarla, pero a él le cayó un hierro en la cabeza que le produjo una herida.
-¡Ay, John de mi alma, estás herido! -exclamó Alice, agarrándole la cabeza con ambas manos y manchándose los guantes blancos de sangre.
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