Los Muchachos de Jo (Louisa May Alcott) - pág.41
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Tom se marchó a la alcoba, y estuvo un momento contemplando las estrellas por la ventana, agitando al mismo tiempo su brazo derecho con tal vigor sugestivo, que le pareció que tiraba a alguien al suelo.
-Oye, Dan, podías nombrar a Tom sepulturero de la nueva ciudad, porque disfrutaría mucho enterrando a todos los pacientes que mate Nan. Tan. Su cara va tomando ya la expresión sombría propia del oficio. No lo olvides, Dan -dijo Teddy, llamando la atención de los demás hacia el rincón donde se había sentado Toin con la cara muy hosca.
Pero a Tom no le duraban mucho los enojos, y pronto se acercó al grupo muy sonriente, haciendo una proposición.
-La nueva ciudad se llamará Dansville, y como no faltará la fiebre amarilla, ni las viruelas, ni el cólera, Nan estará contenta y muy entretenida, y no se ocupará de los demás emigrantes y convictos.
-Yo no tengo mucha confianza en los resultados de la agricultura, así es que aun no estoy decidido del todo; y, por otra parte, me siento muy inclinado a volver con mis antiguos amigos los indios de Montana. Es una tribu pacífica que necesita nuestro apoyo, porque mueren a cientos, sin que las autoridades hagan nada por ellos. Si el dinero que tengo hoy lo hubiera tenido cuando estuve con ellos, les hubiera dado hasta el último centavo, así es que no sé si terminaré por marcharme allí para hacer lo que pueda por ellos; ¿qué les parece a ustedes?
-¡Hazlo, hazlo, hijo mío! -exclamó entusiasmada tía Jo , porque por la desgracia se interesaba ella más que por la fortuna.
-¡Hazlo, hazlo! -repitió Teddy aplaudiendo, como si se encontrara en un teatro-; ,V llévame a mí para ayudarte. Me gustaría verme cuanto antes en medio de esos valientes cazadores que hoy se ven acosados por todas partes.
-Cuéntanos algo más, y ya veremos si conviene -dijo el señor Laurie, pensando para sus adentros que tan dignos de protección eran los indios de Montana como las gentes de otros puntos a quienes socorría constantemente.
Dan refirió en pocas palabras la historia de todo lo que había visto en el tiempo que vivió entre ellos, y lo que los indios le habían contado.
-Son unos infelices; me salvaron la vida en más de una ocasión, y se entusiasmaban cuando veían los disparos que hacía yo con mi rifle, porque nunca habían visto un arma de fuego tan buena; y siempre me aconsejaban el camino que debía seguir el día que quisiera abandonarlos, Tengo contraída una deuda de gratitud con ellos -siguió diciendo Dan-, y debo pagarla cuanto antes.
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