Los Muchachos de Jo (Louisa May Alcott) - pág.15
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Bess había heredado la figura de Diana de su madre: ojos azules, cutis fresco y blanco, elegante y clásica forma. ¡Ah!, olvidaba una cosa; nunca agotaba el manantial de alegrías para su madre. Había sacado la muchacha la nariz y la boca de su padre, fundidas en femenino modelo; y su severa sencillez y elevada talla 1e sentaban admirablemente; trabajaba en aquel momento con la absorción del verdadero artista, sin darse cuenta de las miradas cariñosas que le dirigían los que estaban tan cerca de ella, hasta que su tía Jo exclamó en alta voz:
-Dejad ya, hijas mías, esas tortas de barro, y venid a oír las noticias que os traigo.
Las dos artistas dejaron caer sus herramientas y vitorearon alegremente a la irreprensible mujer que venía a interrumpir su labor. En lo más alegre de la conversación estaban, cuando entró Laurie, a quien Meg había ido a buscar, se sentó entre las hermanas y escuchó con interés las noticias que tenían de Franz y de Emil.
-Nada, nada, que se declaró la epidemia, y va a hacer estragos en el rebaño. Ya puedes prepararte, Jo, para escribir los sucesos extraordinarios que van a ocurrir en los diez años próximos. Tus muchachos van creciendo, y uno tras otro se irán lanzando a esas empresas temerarias y desconocidas -dijo Laurie, que disfrutaba al ver el aire de satisfacción y desesperación que al mismo tiempo se traslucía en la cara de Jo.
-Ya lo sé, ya; pero confío en poder atajar el mal y en hacerlos llegar sanos y salvos a puerto de salvación; pero no deja todo esto de ser una responsabilidad para mí; porque todos insisten en que yo he de ser también la que medie en sus amores y complete su felicidad. Yo bien lo deseo - siguió diciendo Jo-y Meg hace por su parte lo que puede para que todos estos pobres muchachos sean dichosos.
-Bastante tiene que hacer Amy con ocuparse de los suyos; ya principian algunos a hablarse al oído, y todo esto ya sé yo lo que significa. Yo, como director de música, también soy su confidente
y necesito saber qué aconsejarles -dijo Laurie con mucha gravedad.
-¿Pero no estáis viendo? Aquella muchacha se ha puesto otra vez a trabajar -dijo Jo, mirando en la dirección en que estaba Bess.
-Nada, está visto; ahora se cree en Atenas, y no oye ni una palabra de lo que estamos diciendo.
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